-No,no es cierto...no puedes hacerme esto!?
-verdad zhephyra?..
-Dejate de bromas,no es divert-
-NO ES NINGUNA BROMA!"
-SOLO ME UTILIZASTE PARA CONSEGUIR EL TRONO NO ES ASI??!
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El aire en las catacumbas estaba cargado de tensión. Cada susurro, cada crujido de las piedras bajo los pies parecía el preludio de un desastre inminente.Me apoyó contra la pared fría, observando el mapa extendido frente a ella mientras los soldados a su alrededor discutían en voz baja. Su mente trabajaba con precisión letal, analizando cada ruta de escape, cada posibilidad de fracaso.
—No podemos quedarnos aquí mucho más tiempo —dijo Marcus, rompiendo el silencio—. Los traidores deben saber que estamos aquí.
levantó la vista lentamente, sus ojos grises perforando los de Marcus con una mezcla de irritación y determinación.
—¿Crees que no lo sé? —respondió, su tono afilado como una daga—. Pero salir sin un plan es una sentencia de muerte. Prefiero morir luchando que caer en una emboscada como un idiota.
El silencio cayó sobre la sala como una losa, hasta que Darius, siempre el bromista, habló.
—Bueno, prefiero no morir en absoluto, si es posible.
Rodos ojos, pero una pequeña sonrisa asomó en mis labios.
—Entonces mantente cerca de mí, Darius. Tal vez aprendas algo.
Un fuerte estruendo resonó en las catacumbas, seguido por un grito. Todos se pusieron de pie al instante, con las armas en alto.sientl cómo la adrenalina comenzaba a correr por mis venas.
—¡Están aquí! —gritó uno de los soldados que había estado vigilando la entrada.
Antes de que alguien pudiera reaccionar, los traidores comenzaron a descender por los túneles, sus pasos resonando como tambores de guerra. Yo desenfunde mis espadas gemelas,sin apartar la mirada fija en la entrada.
—Marcus, Darius, tomen al rey y a los demás. Llévenlos a la salida más cercana. Yo los retendré.
—¡De ninguna manera! —protestó Marcus—. No puedes enfrentarlos sola.
Zhephyra le lanzó una mirada feroz.
—No estoy pidiendo permiso. ¡Muévanse!
Darius asintió, tirando de Marcus, mientras yo avanzaba hacia la entrada, mis pasos firmes y decididos.
Los primeros traidores en llegar no tuvieron oportunidad.me movía como un torbellino, sus espadas brillando en la penumbra mientras cortaban y atravesaban a sus enemigos. Cada golpe era preciso, cada movimiento calculado.
—¡¿Es todo lo que tienen?! —grite, mi voz llena de burla y desafío—. ¡He visto a niños pelear mejor que ustedes!
Uno de los traidores, un hombre corpulento con un hacha, avanzó hacia mi con un rugido.esquivó su ataque con facilidad, girando sobre sus talones y clavando una de sus espadas en su costado.
—Demasiado lento —susurró, antes de apartarse para enfrentarse al siguiente.
Mientras luchaba, mi mente estaba dividida. Una parte de ella estaba completamente concentrada en la batalla, pero otra pensaba en Cyran, en los soldados, en lo que sucedería si fallaba.
"No puedo fallar", me dije, apretando los dientes mientras bloqueaba un golpe dirigido a su cabeza.
Cuando los traidores comenzaron a superarla en número, retrocedi, atrayéndolos más profundamente en los túneles. Sabía que debía ganar tiempo para que Cyran y los demás escaparan.
Corrió por los pasillos oscuros, escuchando los pasos de sus perseguidores cada vez más cerca. Podía sentir el ardor en sus pulmones, la sangre corriendo por una herida en mi brazo, pero no se detuvo.
—¡Atrápenla! —gritó una voz detrás de ella.
Zhephyra soltó una risa amarga.
—¿Eso es lo mejor que pueden hacer? ¡He visto tortugas más rápidas!
Los insultos solo enfurecieron más a sus perseguidores, pero ese era el objetivo. Cuanto más se centraran en mi, menos atención prestarían al resto de los soldados.
Finalmente, llegó a un cruce en el túnel y se detuvo, girando para enfrentar a sus enemigos. Estaban exhaustos, pero todavía llenos de rabia.
—¿Están listos para terminar esto? —preguntó, levantando sus espadas.
Uno de los hombres avanzó, una sonrisa cruel en su rostro.
—Tú sola contra nosotros. No tienes oportunidad.
Zhephyra inclinó la cabeza, su sonrisa fría y peligrosa.
—¿Crees que necesito oportunidades?
La pelea fue brutal.Yo estaba agotada, pero se negaba a caer. Cada golpe que recibía la hacía más determinada, cada enemigo que derrotaba la impulsaba a seguir.
Cuando el último hombre cayó,mi cuerpo se tambaleó, mis fuerzas al límite. Pero no podía detenerme. Tenía que asegurarsme de que Cyran y los demás estuvieran a salvo.
Cuando finalmente encontre a los soldados en la salida de las catacumbas, casi se desplomó. Cyran corrió hacia mi, su rostro lleno de preocupación.
—¡Zhephyra! Estás herida.
lo aparte con un gesto, aunque mi voz era débil.
—Estoy bien. ¿Los demás...?
—Estamos a salvo gracias a ti —dijo Cyran, con una mezcla de gratitud y admiración en su voz.
asinti,dejándome caer contra la pared mientras cerraba los ojos.
—Entonces valió la pena.
Mientras los soldados comenzaban a organizarse para lo que venía, sabía que esto no había terminado. Los traidores seguían ahí fuera, y la lucha estaba lejos de haber acabado. Pero por ahora, al menos, habían ganado un respiro.