-No,no es cierto...no puedes hacerme esto!?
-verdad zhephyra?..
-Dejate de bromas,no es divert-
-NO ES NINGUNA BROMA!"
-SOLO ME UTILIZASTE PARA CONSEGUIR EL TRONO NO ES ASI??!
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Las semanas transcurrieron con una calma engañosa. Zhephyra parecía completamente ajena a los movimientos de mis guardias, quienes seguían vigilándola bajo mis órdenes. A pesar de los reportes constantes, no se le vio hacer nada sospechoso. Sus días estaban ocupados en inspecciones, reuniones y entrenamientos con los soldados. Si estaba tramando algo, lo ocultaba con una perfección inquietante.
Sin embargo, la llegada inesperada de Lady Alina Beaumont, hija del duque de Ravendell, sacudió la monotonía del palacio.
Lady Alina era todo lo que se esperaba de la nobleza: elegante, refinada y, sobre todo, consciente de su atractivo. Su cabello dorado caía en ondas perfectas sobre sus hombros, y su vestido celeste resaltaba sus ojos del mismo color. Llegó sin previo aviso, exigiendo una audiencia privada conmigo. Mi curiosidad fue más fuerte que mi incomodidad, así que acepté.
Nos encontramos en el jardín del palacio, un lugar tranquilo donde las flores en plena primavera competían en belleza con el brillo de su sonrisa. La servidumbre preparó una mesa con té y pasteles, mientras ella hablaba con una familiaridad que casi olvidé que era hija de un duque y no mi amiga de la infancia.
—Es increíble cómo todo ha cambiado, Cyran —dijo, mientras tomaba un sorbo de té—. ¿Recuerdas cuando solíamos correr por los campos de Ravendell? Tú siempre insistías en ganar las carreras.
Sonreí, aunque mi mente estaba dividida entre el recuerdo y la formalidad de la situación.
—Eran tiempos más simples —respondí—. Ahora parece que el peso del mundo está sobre mis hombros.
Alina colocó su mano delicadamente sobre la mía.
—Y aun así, sigues siendo el mismo hombre noble y valiente que siempre admiré.
Su mirada intensa dejaba poco espacio para malentendidos. Sentí la tensión subir, pero antes de que pudiera apartar mi mano, ella se inclinó hacia mí, sus labios peligrosamente cerca de los míos.
—Majestad —la voz clara y firme de Zhephyra cortó el aire como una espada.
Ambos nos sobresaltamos. Alina retrocedió bruscamente, su expresión pasando de sorpresa a irritación en cuestión de segundos. Zhephyra estaba de pie al borde del jardín, impecable como siempre, con una carpeta en sus manos y una expresión neutral que apenas ocultaba su satisfacción por haber interrumpido el momento.
—Perdón por interrumpir —dijo, aunque no parecía arrepentida en lo absoluto—, pero traigo noticias sobre la mejoría de los soldados en los barracones del este.
—¿Era realmente necesario hacerlo en este momento? —respondió Alina, con una sonrisa tensa y forzada—. Parecía que Su Majestad estaba... ocupado.
Zhephyra la ignoró por completo, sus ojos grises fijos en mí.
—Majestad, el entrenamiento intensivo está dando resultados. Los soldados están mostrando avances significativos en resistencia y disciplina.
Antes de que pudiera responder, Alina intervino, su tono cargado de falsa dulzura.
—¿No hay protocolos para esperar una audiencia adecuada? Qué falta de respeto interrumpir una reunión privada entre el rey y una invitada de honor.
Zhephyra giró lentamente hacia ella, sus labios curvándose en una sonrisa que no alcanzó sus ojos.
—Mis disculpas, Lady Beaumont. Creí que el bienestar del reino era una prioridad. Pero veo que estaba equivocada; claramente hay asuntos más importantes... como una taza de té.
El veneno en sus palabras era palpable, y Alina se tensó.
—¿Quién te crees que eres para hablarme así? —preguntó Alina, con un tono que intentaba ser autoritario, pero solo logró sonar petulante.
Zhephyra inclinó ligeramente la cabeza, su expresión de calma absoluta.
—Soy la Emperatriz de la Alta Guardia Real, designada por el propio rey para asegurar la protección del reino. ¿Y usted? Oh, claro, la hija de un duque que llegó sin ser anunciada.
El color en las mejillas de Alina era una mezcla de enojo y humillación.
—¡Esto es inaceptable! —exclamó, mirando a Cyran—. ¿Majestad, permite que sus subordinados hablen de esta manera?
Antes de que pudiera responder, Zhephyra continuó, avanzando un paso hacia Alina.
—Mis disculpas nuevamente, Lady Beaumont. No quise sonar irrespetuosa. Es solo que algunos de nosotros estamos demasiado ocupados sirviendo al reino como para perdernos en juegos de sociedad.
El aire estaba cargado de tensión. Alina me miró, claramente esperando que interviniera.
—Zhephyra —dije finalmente, levantándome de mi asiento—, tu informe es importante. Pero la próxima vez, asegúrate de que la situación lo amerite antes de interrumpir.
Ella inclinó la cabeza, pero no antes de lanzarle a Alina una mirada que decía claramente: No ganaste nada aquí.
—Por supuesto, Majestad. Solo quería cumplir con mi deber.
Cuando Zhephyra se marchó, Alina se cruzó de brazos, tratando de recuperar su compostura.
—Esa mujer es insoportable. ¿Cómo puedes tolerarla?
—Es competente en lo que hace —respondí, aunque mis pensamientos seguían atrapados en la forma en que había manejado la situación.
Alina me miró, claramente disgustada.
—Cyran, deberías recordar quiénes están a tu lado por lealtad y quiénes solo buscan su propio beneficio.
Sus palabras resonaron en mi mente mientras ella se marchaba. Pero en lugar de despejar mis dudas, solo añadieron más preguntas. ¿Quién era realmente Zhephyra Moonshadow? Y, más importante aún, ¿por qué sentía que con cada paso que daba, ella siempre iba un paso delante de mí?