capitulo 7 °La estrategia de Lady Alina

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Lady Alina Beaumont se había convertido en una presencia constante en el palacio

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Lady Alina Beaumont se había convertido en una presencia constante en el palacio. Su risa resonaba por los pasillos y sus comentarios dulces, aunque cargados de intenciones ocultas, se dirigían siempre a Cyran. Sin embargo, su atención no se limitaba al rey; Zhephyra Moonshadow, con su imperturbable compostura y su autoridad inquebrantable, parecía ser su objetivo principal.

Alina intentaba con cada oportunidad humillar a Zhephyra, lanzando comentarios pasivo-agresivos y poniéndola en situaciones incómodas. Sin embargo, Zhephyra no era de las que se dejaban intimidar, y cada intento de Alina terminaba siendo un espectáculo donde la emperatriz salía victoriosa.

Pero el último plan de Alina fue mucho más peligroso.

Todo comenzó durante un banquete en honor al progreso militar del reino. La comida fue espléndida, con platos preparados por los mejores chefs del imperio. Sin embargo, esa misma noche, varios soldados y el propio rey Cyran comenzaron a sentirse mal.

El rumor corrió rápidamente por el palacio: alguien había envenenado la comida.

La mañana siguiente, mientras Cyran aún se recuperaba, Lady Alina irrumpió en el salón del trono acompañada de dos de sus sirvientas, ambas con rostros de preocupación fingida.

—¡Majestad! —exclamó Alina, haciendo una reverencia teatral—. Lamento molestarlo en su estado, pero creo que es mi deber informarle algo que vi.

Cyran, sentado en su trono, levantó una ceja.

—Habla, Lady Beaumont.

Alina se volvió hacia Zhephyra, quien estaba de pie cerca, con los brazos cruzados y una mirada impasible.

—Vi a la emperatriz Zhephyra Moonshadow entrando a la cocina real poco antes de que se sirviera la comida. Creo que es necesario investigar su participación en este desafortunado incidente.

Un murmullo recorrió la sala. Zhephyra, sin perder la compostura, dio un paso adelante.

—Eso es una acusación grave, Lady Beaumont —dijo, su voz firme y llena de autoridad—. Y también completamente falsa.

Alina fingió indignación.

—¿Estás negando que entraste a la cocina? Mis sirvientas también te vieron.

Zhephyra la miró con calma antes de girarse hacia Cyran.

—Majestad, le aseguro que jamás he pisado la cocina real. Mi lugar está en los barracones o supervisando las estrategias de defensa, no en asuntos culinarios.

—Entonces, ¿por qué Lady Beaumont y sus sirvientas dicen haberlo visto? —preguntó Cyran, su tono más curioso que acusador.

Zhephyra sonrió con frialdad.

—Eso me pregunto yo, Majestad. Quizá sería prudente preguntar a cualquiera de los guardias reales. Todos pueden confirmar que estuve entrenando con los soldados durante toda la tarde. De hecho, si lo desea, puedo proporcionarle una lista de los testigos que estuvieron conmigo.

Cyran inclinó la cabeza, interesado.

—¿Es cierto lo que dice? —preguntó, mirando a uno de los guardias cercanos.

El hombre asintió.

—Así es, Majestad. La emperatriz no se movió del campo de entrenamiento en toda la tarde.

Un silencio incómodo cayó sobre la sala. Alina abrió la boca para hablar, pero Zhephyra no había terminado.

—Además —continuó, con los ojos clavados en Alina—, me pregunto por qué alguien con mi posición arriesgaría su vida y reputación para envenenar a los soldados que lidero. No tiene sentido lógico ni estratégico.

Alina apretó los labios, su rostro comenzando a enrojecer.

—¡Mis sirvientas la vieron!

Zhephyra arqueó una ceja.

—¿Y solo ellas? Qué conveniente. Quizá deberíamos investigar las intenciones de quienes están acusando sin pruebas.

Cyran la miró, y aunque su rostro permanecía neutral, noté el leve indicio de una sonrisa en sus labios.

—Lady Beaumont, ¿tiene algo más que agregar? —preguntó.

Alina vaciló, sus manos temblando de rabia contenida.

—No, Majestad.

Cuando la audiencia terminó, Alina salió del salón apresuradamente, sus sirvientas siguiéndola como sombras. Zhephyra permaneció un momento más, inclinando la cabeza hacia Cyran antes de retirarse con su habitual elegancia.

Más tarde, recibí la noticia de que Lady Alina había decidido abandonar el palacio, supuestamente para atender "asuntos urgentes" en Ravendell. Pero todos sabían la verdad: había sido derrotada en su propio juego, y no podía soportar quedarse un segundo más bajo el mismo techo que Zhephyra Moonshadow.

Mientras observaba la silueta de Zhephyra alejarse, no pude evitar sonreír para mis adentros.

Esa mujer es un misterio, pero también un arma de doble filo. Quizá debería temerle, pero en lugar de eso, siento una curiosidad insaciable.

Lady Beaumont podía irse con su orgullo herido.

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