Prohibido

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¿Habrá algún dios que bendiga
A los amores prohibidos?
Y entre te quiero y te quiero
No veas una amenaza
¿Habrá algún dios que bendiga
A los amores pasajeros?
Yo quiero lo que tú quieres
Tu quieres lo que yo quiero (*)

.

El sol se ponía en el horizonte, tiñendo el cielo de un color anaranjado intenso. El sol era el único testigo de aquellos encuentros. Junto al lago, la pareja se entregaba al amor furtivo. Aquel valle estaba lo suficientemente alejado del centro del reino, lo suficientemente alejado de cualquier aldea, lejos de los caminos, lejos de la gente. Era el mejor lugar que habían encontrado para vivir su amor prohibido. Para amarse a escondidas.

-Debo regresar. - dijo él de repente, después de haber pasado gran parte de la tarde con ella.

-¿De verdad tienes que hacerlo?

-Mis padres se preguntarán donde he estado.

-De verdad desearía que no tuviéramos que esconder nuestro amor.

-Prometo que hablaré con ellos, tienen que entender que nos amamos... A mí no me importa que tú no seas de la realeza, ellos no pueden obligarme a casarme con alguien que ni siquiera conozco.

-Pero, ella...

-Dicen que ella es una gran persona, con un gran corazón... sabrá entenderme. - Él le sonrió. ¿Cómo no creerle?

*•.¸♥

Observaba, desde lejos, como la feliz pareja unía sus vidas ante los dioses. Todo el reino estaba invitado a la boda, todos estaban felices, los veían como la pareja perfecta, le auguraban muchos años de gozo. Si tan sólo supieran.

Después de la noche de bodas, él salió al jardín real. Sabía que ella lo esperaba. La buscó con su mirada, hasta que la encontró, agachada junto a los rosales.

-Keres...- dijo, casi en un susurro. Ella se levantó de prisa al reconocer su voz. Volteó a verlo, sus ojos brillaban de manera especial, pero denotaban mucha tristeza.

-Beil...- ella se lanzó a sus brazos. Se fundieron en un apasionado beso. – De verdad creí que no ibas a hacerlo. - dijo ella, una vez que sus labios se separaron.

-Es que... no podía, sabes que no podía. Nuestro amor es imposible... mí padre jamás permitiría...

-Lo sé, tu padre jamás permitiría que el heredero del reino más importante del mundo se case con una plebeya. Pero, entonces, ¿es este nuestro destino? ¿Amarnos a escondidas?

-Lo siento, es lo único que puedo ofrecer... no me quites eso también...

*•.¸♥

Tanto había llorado por ese amor prohibido. Tanto daño le había ocasionado él. Todos. Pero ya no dolía. Ya no. Él dolor se había convertido en rencor y sed de venganza. Él había roto su corazón, había jugado con sus sentimientos.

Observó la ciudad, parada sobre el techo del mirador de la Torre Tokio. ¿Quién diría que aquel hermoso reino se convertiría en una ciudad cosmopolita? Debía conseguir el Cristal Dorado, y terminar con lo que había comenzado miles de años atrás.

El príncipe, él tenía el cristal consigo. Él siempre había estado protegido por el poder de ese cristal.

 Él siempre había estado protegido por el poder de ese cristal

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