La Reina del Inframundo

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"La venganza es el manjar más sabroso condimentado en el infierno."
SIR WALTER SCOTT

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Observó por la ventana, mientras el café humeante sobre la mesa iba perdiendo su calor. Tenía una extraña sensación, un mal presentimiento. El aire se sentía pesado, tenso. Volteó a ver la hora en su celular. Ella estaba demorada, ¿vendría? ¿Lo haría?

*•.¸♥

La expresión de su rostro lo decía todo. Al estupor inicial le siguió el entusiasmo y fascinación en su mirada. Aquel cuarto era, sin dudas, su lugar en el mundo. Ella se le parecía tanto. Caminó hacia adentro de la habitación, mirando hacia todos lados. Se acercó a las bibliotecas, acariciando los lomos de los libros con sus dedos, mientras caminaba lentamente.

-Es increíble... ¿Has leído todos estos libros? - preguntó, ingenuamente. Eso era lo que más le gustaba de ella. ¿Sería capaz de hacerlo? Quizás, si tuviera el tiempo. Pero, probablemente, le tomaría toda la vida.

-He leído muchos... Este es mi lugar favorito del palacio. Paso muchas horas aquí, leyendo... Será mucho mejor con tu compañía.

-¿A qué te refieres? - preguntó ella, volteando a verlo.

-A que este será ahora nuestro lugar especial. - él sonrió. Se acercó a ella y acarició su rostro. Ella se sonrojó ante el comentario.

-Pero... ¿y Endymion?

-Hace tiempo que no viene por estos lados. Me ha otorgado este cuarto como un obsequio. - Acercó su rostro hacia ella, mientras no dejaba de acariciarla. - ¿Te he dicho alguna vez cuanto te amo? - Ella sonrió.

-Zoycite... pueden vernos.

-Nadie viene aquí más que yo. - respondió el hombre de cabellos rubios. Acto seguido, rozó sus labios con los de ella.

-Aun así... Esto no está bien.

-Dime, ¿qué pecado estamos cometiendo? - Colocó su mano en su nuca, para atraer su rostro hacia él, mientras, acariciaba sus sedosos cabellos. No podía evitarlo, cada segundo que pasaba, la deseaba más y más. Atrapó sus labios con los suyos, con pasión desenfrenada. Sus lenguas comenzaron una danza sin control. Ella sintió como su cuerpo se estremecía. Realmente le gustaba que la besara de esa manera. Rodeó su cuello con los brazos. Él abandonó sus labios para besar su cuello, entonces ella sintió como si su cuerpo fuera recorrido por una corriente eléctrica. Sus cuerpos se acercaron un poco más, él atrapó su cintura con sus manos, ella se dejó envolver por ese abrazo apasionado mientras sentía su excitación rozar sus partes íntimas. De repente, él separó sus labios de los de ella. - Lo siento...- dijo intentando recuperar la cordura. - No quiero obligarte a nada. - Ella lo miró a los ojos. ¿Por qué negar que ella también lo deseaba con desenfreno? Besó sus labios.

-Pero... yo también lo deseo...- dijo, casi en un susurro. Él sonrió.

-¿Estás segura?

-Nunca he estado más segura en toda mi vida.

-Nunca he estado más segura en toda mi vida

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