Asi en la Tierra...

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“La mayor oscuridad siempre es la que precede al alba.”
(Dan Brown)
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Despertó aturdido, con el cuerpo helado y los dedos entumecidos. El vapor que salió de sus fosas nasales le hizo corroborar el frío que hacía en ese lugar. Notó que estaba acostado sobre el sedimento. Se puso de pie con alguna dificultad. Miró a su alrededor. Aquel lugar era extraño, como un ancho y largo pasillo, del cual no podía ver su final. Estaba demasiado oscuro, apenas había un suave un halo de luz, que no podía precisar de dónde provenía. Caminó algunos pasos y, entonces, se topó con la joven de cabellos rubios.
-¡Minako! - Corrió hacia ella, preocupado. Comenzó a zamarrearla, tratando de hacerla reaccionar. Su cuerpo estaba frío, eso lo asustó aún más. Aunque, probablemente sea por el sugerente vestido que tenía puesto esa noche y el frío sepulcral que hacía en aquel lugar. —¡Minako! ¡Despierta! - Tras insistir un rato, la joven abrió los ojos, confundida.
-Koichi…- susurró, al ser su rostro preocupado lo primero que sus ojos vieron.
-¿Estás bien? – preguntó, mientras la ayudaba a incorporarse.
-¿Qué fue lo que pasó?
-Ese sujeto…  - sólo atinó a decir. A decir verdad, el tampoco comprendía que había sucedido. -Nos envió a algún lado…
-¿Dónde estamos? – preguntó, observando a su alrededor.
-Ojalá lo supiera. - Koichi observó como ella se abrazaba a sí misma, cómo buscando calentar su cuerpo. Entonces, se quitó su blaizer para ponerlo sobre sus hombros.
-¿Qué haces? - preguntó ella, con cierta molestia.
-Hace demasiado frío aquí...
-Para ti también, no tienes que darme tu abrigo.
-Ya deja el orgullo, tus labios están morados. Debemos salir de aquí, a ninguno de los dos nos conviene quedarnos solos...- dijo, mientras daba unos pasos. Minako frunció el ceño. Ni siquiera supo porque le molestó ese comentario. Quizás, porque había llegado a creer que él realmente se preocupaba por ella.
Koichi ni siquiera notó su molestia. Tanteó los bolsillos en busca de su celular. Agradeció a todos los dioses y todos los santos tenerlo consigo. Lo primero que cruzó por su mente fue marcarle a alguno de sus amigos, quizás a alguna de las senshi. Buscó entre sus llamadas recientes, intentando hablarle a Zakuro. Pero el teléfono estaba muerto, en ese lugar no había señal. Probó levantando el aparato, a ver si, de ese modo, agarraba señal, pero no había manera.
-¿Koichi? – el hombre suspiró. Encendió la linterna de su celular, esperando saber adónde ir. Entonces, se les estremeció la piel al ver en detalle aquella cueva.
Las paredes y el techo estaban cubiertos de huesos humanos, cuidadosamente colocados, cual si fueran decoración, una muy macabra, por cierto.
-Debemos encontrar una salida...

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El sonido de sus tacones se hacía eco en el lúgubre silencio de aquellos pasillos. Caminaba erguida, con la frente en alto y el pecho hacia afuera. Por detrás, el hombre de cabellos rubios seguía sus pasos. Se detuvo al llegar a su habitación. Sonrió complacida al ver que ella estaba sola. Eso facilitaba las cosas.
-Debes traerla... Tráela...- susurraba una voz en su cabeza.
Dio unos pasos al frente, adentrándose en aquel cuarto de hospital. Él ingresó después, cerrando la puerta detrás de si, como si estuvieran sincronizados. Entonces, ella sacó su pluma.
-¡Por el poder de Júpiter! -gritó, con la pluma en alto. Y un fuerte viento con perfume de rosas la envolvió, convirtiéndola en Sailor Júpiter.
*•.¸♥
El alboroto en los pasillos los hizo sobresaltar. Ambos salieron a la puerta de la sala para ver que estaba pasando. Fue cuando vieron pasar al médico de guardia y un par de enfermeras. Se dirigían al sector de internación de mujeres. Las corridas en los pasillos del hospital eran algo común, cosa de todos los días. Pero, aun no podía acostumbrarse a ellas. Aun así, no era sólo esa extraña sensación de algo nuevo a lo que debía acostumbrarse porque, quizás algún día, formaría parte de su día a día. Tenía un mal presentimiento. Ambos se miraron.
-¿Estás bien, Ami?- preguntó el hombre de cabellos rubios.
-No lo sé... Es que... se dirigen a la habitación de Usagi.
-Sólo van al pabellón de mujeres, hay muchas internas.
-Aun así... iré a ver...
*•.¸♥
Llegó casi al mismo tiempo que los doctores. Su corazón se detuvo un instante al confirmar que era a la habitación del Usagi a la que se dirigían. Ingresó rápidamente, alarmada al ver el estado del médico y las enfermeras de guardia, una mezcla de confusión e histeria.
-No puede ser...- susurró a ver la cama vacía. - ¿Qué fue lo que pasó? - preguntó, mientras el médico observaba el estado de los cables y aparatos que había tenido conectados Usagi. Notó como había rastros de sangre en la vía y el suero, señal de que habían sido arrancados de manera violenta. Estaba claro que el médico de guardia había sido advertido de que algo pasaba al sentir que todas las señales de vida se apagaban.
-¡Rápido! ¡Llama a seguridad! - ordenó el doctor a una de las enfermeras. - ¡Qué revisen las cámaras! Ella no pudo haber salido por sus propios medios.
Ami observó como los tres salían de la sala. Por momentos, sentía como si todo transcurriera en cámara lenta. ¿Acaso Usagi había despertado? ¿O, quizás...? Quizás cometieron un error en dejarla sola. Observó la ventana, estaba abierta de par en par, con las cortinas hacia afuera. Eso le hizo pensar que alguien había salido por allí.
Al acercarse, pudo notar que había manchas de sangre en ella. Se asomó para observar hacia abajo. Aquella habitación daba directo a la calle. No sería una idea descabellada que se la hayan llevado por ahí. Se apresuró a sacar su pluma para convertirse en Sailor Mercuri. Una vez que estuvo transformada, se lanzó por la ventana, al mismo tiempo que hacía aparecen su visor, para poder seguir el rastro.
*•.¸♥
Comenzaba a ponerse nervioso por su tardanza, ¿qué tanto podía estar haciendo? Quizás fue su andar torpe y nervioso, de un lado a otro de la habitación, el que acabó por despertar a Mamoru, después de lo que le había costado convencerlo de quedarse ingresado.
-¿Qué ocurre? - le preguntó, sentándose en la cama.
-Nada... no te preocupes... es sólo qué...- Zakuro hizo una pausa, pensando en que responder. Entonces, el sonar de su celular lo salvó de poner una excusa tonta. Miró la pantalla, sorprendiéndose al ver que era un mensaje de voz de Ami.
-Zakuro... es Usagi...- escuchó decir a la joven al otro lado del teléfono, apenas lo puso en su oído, para evitar que Mamoru escuche. Entonces sintió como si su piel se estremecía. - Ella... no está... creo que se la han llevado... ¡Estoy siguiendo su rastro! He tratado de contactar a las chicas, pero ninguna responde, tampoco les llegan mis mensajes... ¡Necesitaré ayuda! Ahora voy a enviarte mi ubicación en tiempo real... ¡Busca a los demás shitennou!- la comunicación se interrumpió de repente, eso lo hizo estremecer.
-Zakuro... ¿qué ocurre? - volvió a preguntar Mamoru, al ver la expresión en su rostro. - Te has puesto pálido...
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⏰ Última actualización: Apr 09 ⏰

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