Penumbras

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"...y el Sol ha muerto en el cielo y una maligna niebla todo lo cubre."

– La Odisea de Homero

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Una espesa niebla caía sobre la ciudad de Juuban, haciendo que el día se sienta más húmedo de lo habitual para esa época del año. Los pocos rayos del Sol que se filtraban eran débiles, parecía como si el astro hubiera perdido parte de su brillo.

Los medios seguían hablando del extraño eclipse que había tenido lugar el día anterior. Un eclipse total que nadie había previsto, un elipse total que se había visto en cada rincón del mundo, eso era algo inédito. Pero había más. Tenía esa extraña sensación desde el momento en que el Sol se había ocultado detrás de la sombra de la Luna. Eso la inquietaba. Observó, en silencio, a la mujer de cabellos azules, sentada enfrente suyo. No quería interrumpir su concentración. La había llamado porque necesitaba confirmar sus sospechas. Más bien, necesitaba confirmar que estaba siendo extremista.

Ami hacía cálculos con su notebook. Rei podía observar cómo cientos de números se reflejaban en los anteojos de su compañera. En silencio, dio un sorbo a su taza de café. Volteó su mirada para ver a Makoto ir y venir entre las mesas. Suspiró.

-Es imposible...- susurró Ami, sin despegar sus ojos de la notebook.

-¿Qué? ¿Qué has visto? - preguntó Rei, alarmada. Observó a Ami titubear, nerviosa. Eso la asustó aún más. - Dime...- Ami se sacó los anteojos, al mismo tiempo que levantaba su mirada hacia ella.

-El Sol...

-¿Qué ocurre con él?

-Se está enfriando... Su radiación ultravioleta ha disminuido un 5% con respecto al día de ayer. También han desaparecido cientos de manchas solares. - Un escalofrío recorrió el cuerpo de Rei. Lo que su amiga describía se parecía tanto a sus pesadillas.

-Pero...

-No se detiene...- continuó Ami, mientras se volvía a colocar los lentes y tipiaba en su notebook. - Esta disminución se está acelerando. A este paso...

-¿Qué? - Rei levantó la voz, al ver que Ami no se aminaba a continuar la frase.

-Se apagará por completo en un mes...- Ami hizo una pausa para pasar saliva. - O, quizás antes...- Los ojos de Rei se llenaron de lágrimas. Llevó su mano a su cabeza, justo antes de perder el conocimiento y caer al suelo.

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-Ya veo. - meditó, llevando su mano derecha hacia su barbilla. Estaba parado junto a la puerta, apoyando su espalda contra la pared. Levantó la vista para ver a Minako, quien, sentada junto a la cama de Usagi, tomaba su mano sin despegar sus ojos de ella. - Eso quiere decir que...- susurró, sin aminarse a continuar la frase.

-Dime, Koichi... ¿tú sabes quién era? - Mamoru estaba parado junto al hombre de cabellos blancos. Aun intentaba procesar lo que había sucedido. Koichi suspiró, incómodo.

-Su nombre es Hades...- Mamoru abrió los ojos con sorpresa.

-¿El Dios del Inframundo? Pero...

-Ella logró liberarlo de su cárcel...

-Eso es imposible...- dijo Minako, sin moverse del lugar en el que estaba. - ¿Un dios? - Se puso de pie, permaneciendo de espaldas a los hombres. Koichi notó cierto nerviosismo en ella. Observó como apretó los puños con fuerza. Ella volteó a verlos, con los ojos llorosos. - ¿Cómo podemos vencer a un dios? - Koichi bajó su mirada hacia el suelo. Ni siquiera podía mirarla a los ojos, le dolía demasiado verla llorar.

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