Cómo un haz de Luna

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Serán tus ojos mi esperanza

Y mis brazos tu mejor mansión (*)

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*•.¸♥

Corría a toda prisa por los pasillos, apenas iluminados por la tenue luz de las estrellas que se colaba por los ventanales. Su respiración estaba agitada, su corazón latía a mil por hora. Un fuerte olor a humo inundó sus fosas nasales. Ellos habían prendido fuego uno de los sectores del palacio. El temor la invadió. ¿Por qué? ¿Qué mal les habían hecho?

Detuvo su paso de repente, al toparse con el hombre de cabellos rubios. Él volteó al sentir su presencia. La sonrisa malévola en su rostro le hizo sentir escalofríos.

-Jedaite...- susurró. Pero él parecía no reconocerla.

-Hasta aquí llega tu miserable existencia, senshi...- rió.

-¿Por qué? ¿Por qué lo haces? ¿Qué ha ocurrido contigo? - preguntó, observando sus ojos perdidos, sin ningún brillo. Él colocó la palma de su mano enfrente, convocando su magia, para atacarla.

-Te amo, Jedaite...- dijo ella, entre lágrimas. - No lo hagas, por favor.

-Yo lo sabía...- escuchó decir, de repente. Volteó a ver al hombre detrás de ella.

-Yuichiro.

-Siempre lo supe... Siempre lo amaste a él...- dijo, mientras comenzaba a retroceder lentamente, como flotando.

-¡No! ¡Espera! ¡No es así! - gritó, extendiendo su mano hacia él.

-Pero, es cierto... ¡Me amas! Nunca has dejado de hacerlo. - Rei volteó hacia él otro lado, para ver a Jedaite. Se sorprendió al notar que ya no llevaba su uniforme de Shitennou, si no un pantalón sastrero negro y una camisa blanca de mangas cortas. - ¡También te amo! Te amaré por toda la eternidad.

-Jedaite... pero...

-Sólo déjalo ir...- Rei sintió como si algo se rompiera dentro suyo. ¿Dejarlo ir? No, no era eso lo que quería. Pero... tampoco quería perder a Jedaite. Volteó de nuevo hacia Yuichiro, seguía alejándose de ella. Le sonrió con dulzura, como siempre lo hacía.

-¡No! ¡Espera! ¡No te vayas!

-Es mejor así... Sólo, lo lamento por nuestra hija.

-¿Qué?

-Cuídala mucho, por favor, no dejes que le hagan daño.

-¡Espera! ¡Yuichiro!

*•.¸♥

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-¡Yuichiro!- se sentó en la cama de un brinco. Las lágrimas comenzaron a caer de sus ojos. Instintivamente tocó su vientre. Y tuvo la sensación de que había algo diferente en ella. ¿Acaso era posible? Ver el espacio vacío de la cama le hizo estremecer el corazón. Él solía despertar junto con ella, cada vez que tenía una pesadilla. Pero ahora, su ausencia le estaba pesando. Se abrazó a sí misma, como tratando de mitigar la falta de sus brazos intentando calmarla.

Ya en la cocina, mientras esperaba que el agua en la tetera hiciera ebullición, marcó su número una vez más. Lo acercó a su oído, para escuchar como sonaba. Él no contestó. Cómo las otras veces en las que había intentado hablarle. Lloró una vez más, mientras tocaba su vientre.

-¿Un hijo? - susurró. Jamás había pensado en la posibilidad de ser madre, no era algo que se le había cruzado en la cabeza. Realmente, no tenía recuerdos de alguna vida en la que hubiera sido madre. Siempre había pensado que no era su destino serlo, que no tenía el instinto. Sonrió. Después de todo, quizás sea lindo tener un hijo.

Para SiempreHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora