Mil Preguntas

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Todos somos como la Luna brillante, todavía tenemos nuestro lado oscuro. (Kahlil Gibran)

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Después de buscarlo en el hospital y en su departamento, sin éxito, terminó su recorrido frente a la vieja tienda de videojuegos. Observó la fachada descolorida. Quizás esté ahí, pensó. Sabía que el local pertenecía a su amigo, que solía ser su refugio cuando necesitaba alguien con quién hablar. No podía precisar cuántas veces había pasado por la puerta de ese lugar. Jamás le habían llamado la atención los videojuegos, ni siquiera en su adolescencia.

Recorrió el lugar con su mirada, estaba repleto de adolescentes, algunos jugando a los juegos de realidad virtual, otros jugando al pool, otros al bowling. Demasiado ruido para su gusto. Suspiró, antes de adentrarse en el lugar. Observó las máquinas a su paso. Ese lugar le traía recuerdos. Recuerdos que prefería dejar atrás. En aquellos tiempos, él peleaba contra ellas, trataba de destruirlas, para cumplir los deseos de Metalia. Eran vagos, pero allí estaban. Recordaba que en aquel lugar ellas solían reunirse. Claro, ahora lo entendía. Debajo de aquel centro de videojuegos, estaba el centro de control desde el cual operaban. Y él lo sabía, conocía todos sus secretos.

En el fondo del local lo encontró. Se sorprendió un poco al verlo. Quizás, porque no daba con el perfil de los clientes del lugar. Y eso que no iba vestido como para ir a trabajar.

-Motoki, ¿verdad? - preguntó, manteniendo el semblante serio.

-¿Nos conocemos? - preguntó, con cierto desconcierto.

-Pues... no en realidad... Koichi Teneko. - dijo, extendiendo su mano. Motoki extendió la suya. - Soy... amigo de Mamoru.

-¿De verdad? Nunca había oído de ti.

-Si, hace algunos años que no nos vemos...

-Si, claro...- Motoki lo observó de arriba abajo. Había algo extraño en él y en su historia. - ¿Qué tantos años? - indagó. Conocía a Mamoru desde la secundaria, y estaba seguro de que no tenía otro amigo más que él.

-Emm, bueno... quería saber si puedes ayudarme.

-¿Cómo puedo ayudarte?

-Lo he estado buscando, pero... no está en su casa, ni en el hospital... Tú lo conoces mejor que yo, quizás sepas dónde encontrarlo.

-Pero...

-Por favor, estoy preocupado por él.

-Es grande, sabe cómo cuidarse.

-¡Es que no lo entiendes! ¡No se trata de eso! Él... corre peligro...- Motoki abrió los ojos con sorpresa. Observó la preocupación de aquel hombre, parecía genuina. ¿De dónde conocía a Mamoru? ¿Cuánto tiempo llevaban siendo amigos? ¿Por qué nunca había escuchado de él? ¿Acaso...?

-¿Es que tú...?

-Necesito encontrarlo...

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El alcohol no solía ser buen consejero. El alcohol jamás resolvería sus problemas. Lo sabía. Pero el alcohol era lo único que le hacía olvidar, al menos por un rato. Apenas bebió la última gota de su vaso, levantó su mano pidiendo otro trago. La música estaba tan fuerte que apenas si podía oír sus pensamientos. Suspiró. La imagen de la joven de cabellos oscuros llegó a su mente.

-Oyuki...- susurró. ¿Qué demonios estaba pasando con él? ¿Por qué no podía sacarla de su mente?

 ¿Qué demonios estaba pasando con él? ¿Por qué no podía sacarla de su mente?

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