Narra Inuyasha:
Sesshômaru se fue a trabajar temprano hoy, lo sé porque lo oí prepararse un café cerca de las seis de la mañana.
Luego de levantarme voy al baño y me doy una ducha para aclarar bien mis ideas, no me gusta actuar por impulso, mucho menos si voy a enfrentarme con aquella mujer al salir de mi habitación.
Preparo un té para mí, y pongo algunas galletitas de limón en un plato para comenzar a desayunar. Apenas me siento en la silla y ya comienzo a oír ruidos en el que, desde ayer, se ha convertido en el cuarto de Kagome. Desayuno lentamente, la verdad es que puedo darme un aperitivo antes de salir. Kagome aparece en la mitad de mi desayuno, viste una blusa rosada y un pantalón blanco demasiado sugerente.
-Buenos días -dice y se sienta frente a mí.
No la estoy mirando, me dedico a desayunar, pero sé que ha bajado la mirada en cuanto no le respondí a su saludo.
-Inuyasha, ¿puedo tomar una de tus galletitas? Me encantan las de sabor limón -noto el énfasis en su voz.
Asiento con la cabeza y finjo escribir algo en mi celular. Toma una de las galletitas, y permanece en silencio.
-Sesshômaru me contó que estudias ingeniería, eso suena genial.
Nuevamente no le contesto, escucho que suspira y lanza un tenue "ummm".
-Oye, si no quieres conversar conmigo... -empieza a decir.
Tomo mi taza, me paro y voy hasta el fregadero. Mientras lavo la pieza sonrío, pero ella no me ve, ya que estoy dándole la espalda. La dejé con las palabras en la boca, es genial. Termino de lavar, tomo mi mochila y me largo de la casa.
-Bienvenida a mi mundo, Kagome -pienso con una sonrisa.
Los días pasaron con similitud, cada día disfrutaba de hacerle pasar un mal rato a Kagome siempre que estuviéramos a solas. Si ella comenzaba a hablarme, miraba mi celular, me ponía a escuchar música, o me iba a mi cuarto. Si me preguntaba dónde estaba algún objeto se lo señalaba, o bien asentía o negaba.
El fin de semana tuve una cita con Sango, la llevé a cenar y hablamos de estupideces. Me gustaba el papel que estaba protagonizando frente a ella... El rol de un chico que sufrió por amor en varias oportunidades, que se mostraba dolido pero esperanzado. En esa cita fue que me di cuenta que el adecuado para jugar con el corazón de Sango era mi amigo Miroku. Él era un experto en jugar con las chicas como Sango, y sé que él estará encantado en hacerlo. Sólo tenía que buscar la oportunidad perfecta para presentarlos, para que Sango cayera rendida a sus pies. No es que no pudiera enamorarla, claro que podía, pero ahora mismo estaba centrado sólo en molestar a Kagome.
Sesshômaru parecía distraído en esos días, pensé que la presencia de Kagome en la casa le haría cambiar ciertas actitudes, pero algo le estaba pasando, aunque leer su accionar es bastante difícil.
- ¿Sabe una cosa, Doc? -me acomodé en el sillón - Las cosas están saliendo mejor de lo que esperaba.
-Cuéntame acerca de eso -dijo Naraku con los ojos brillantes.
-Resulta ser que ya no estoy tan interesado en vengarme de todas aquellas malditas perras. Había pensado que tenía que hacer sufrir a cada una de ellas, pero lo he meditado, y creo que es mejor centrar mi ira en sólo una.
-Suena interesante.
-Dejar caer en ella todo mi odio, volver su vida un infierno, que pague el precio por todas. Así, las chances de ser descubierto se reducen a uno.
La mirada de Naraku era interesante. En un principio me había causado escalofríos, y era algo perturbadora, pero ahora hasta me divertía.
-No pierdas de vista tu objetivo, Inuyasha. Una mujer puede seducir de muchas maneras. No dejes que tu odio no se convierta en otro sentimiento.
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