⇢ 7.2 Episodio 7

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NaRi observó a Jaejun con una mezcla de ternura y tristeza mientras la camioneta se deslizaba suavemente por las calles iluminadas. Su esposo, siempre protector, siempre dispuesto a ponerla por encima de todo, no tenía idea de la magnitud del huracán que se avecinaba. Ella lo sabía, claro que lo sabía, pero no tenía el valor de confesarlo. No aún.

Apoyó la cabeza en el cristal, mirando las luces parpadear en la distancia. A pesar del lujo y el confort que la rodeaban, su mente no podía despegarse de DongEun. DongEun, con su mirada penetrante y esa sonrisa. La imagen de su antigua yo, riendo con el grupo, susurrando palabras crueles y mirando hacia otro lado, era un espectro que la perseguía cada noche.

El timbre sonó con un eco apagado que resonó en el penthouse. NaRi, distraída, apenas reaccionó hasta que escuchó la voz de su madre.

— ¡NaRi! Es tarde y este niño ya está inquieto.

Se levantó con algo de esfuerzo, intentando recomponer su semblante antes de ir a recibirlos. Cuando la puerta se deslizó, su madre estaba allí con su habitual expresión de cansancio mezclado con un poco de calidez, sosteniendo a su pequeño hijo de la mano.

— Hola, Madre —dijo NaRi con una sonrisa forzada, inclinándose para abrazar al niño que saltó a sus brazos con entusiasmo. —¿Cómo se portó hoy?

— Como un ángel, como siempre. Pero tú... —su madre la examinó con esa mirada que NaRi conocía demasiado bien, la que penetraba hasta el fondo de su alma. —Estás más delgada. Y cansada. ¿Estás comiendo bien? ¿Qué está pasando?

NaRi negó con la cabeza, restándole importancia mientras cerraba la puerta.
— Nada, solo mucho trabajo. Ya sabes cómo es Jaejun con sus proyectos del golf, siempre quiere que esté involucrada.

La madre de NaRi se quitó el abrigo lentamente, sin apartar los ojos de su hija. Algo en la atmósfera del lugar le resultaba extraño. El silencio era más pesado de lo normal, y aunque el penthouse lucía impecable, había un desorden en la energía de NaRi que no podía ignorar.

— ¿Y dónde está Jaejun? —preguntó, dejando su bolso de diseñador en el sofá y ayudando al niño a quitarse los zapatos.

— Hablando con los de seguridad —respondió NaRi con rapidez, jugando con los rizos de su hijo para distraerse. —Han pasado cosas en el edificio, y él quiere asegurarse de que estemos protegidos.

La madre frunció el ceño, sentándose frente a NaRi mientras el niño corría hacia su cuarto de juegos.
— ¿Qué tipo de cosas? NaRi, ¿estás segura de que todo está bien? Porque no pareces tranquila.

NaRi vaciló por un momento. Quería confesarle todo, abrirse con ella sobre DongEun, sobre las amenazas veladas que la estaban desmoronando poco a poco. Pero sabía que hacerlo solo pondría a su madre, a su padre y a su hijo en peligro.  Pues DongEun era una experta en identificar los puntos débiles de las personas.

—Todo está bien —mintió con una sonrisa, fingiendo seguridad. —Solo han sido días largos.

Sin embargo, su madre no parecía convencida. Se inclinó hacia adelante, apoyando las manos en sus rodillas, y dijo en voz baja:

— NaRi, soy tu madre. No puedes ocultarme algo así. ¿Es por lo que pasó con esa chica? ¿DongEun, verdad?

NaRi sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
— ¿Cómo supiste de ella? —preguntó, intentando sonar casual, pero la rigidez de su voz la traicionó.

— Fui a buscar al niño el otro día, y una mujer me abordó fuera del colegio. No dijo su nombre, pero me hizo preguntas sobre ti, sobre tu familia. Algo en ella me dio escalofríos, porque se me hizo conocida, se presentó como la nueva maestra de Junseo y Yeseol.

𝐓𝐇𝐄 𝐆𝐋𝐎𝐑𝐘Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora