⇢ 9. Episodio 9

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Semanas antes de la desaparición de Myeon-go

La tensión en el aire era palpable. Moon Dong-eun observaba el tablero de go frente a ella. Sus manos rozaron las fichas, pero su mente estaba en otro lugar. La pieza faltante en su plan comenzaba a encajar: Nari, la mujer mimada y narcisista, sería la próxima ficha en caer.

En un café lujoso del centro de Seúl, Myeong-o estaba sentado frente a Dong-eun. Su mirada evitaba la de ella mientras jugueteaba nerviosamente con una cucharilla de café.

—¿Qué quieres a cambio? —preguntó Myeong-o finalmente.

—No te equivoques. No es un trato. Es una orden —respondió Dong-eun, su voz firme pero carente de emociones.

—¿Por qué Nari? Ella ni siquiera era tan cruel contigo.

—Porque Nari es muy débil. No tiene el control que Yeon-jin cree que tiene. Y tú lo sabes.

Dong-eun colocó un sobre sobre la mesa con calma calculada, su mirada fija en Myeong-o. El papel crujió cuando él lo tomó entre sus dedos temblorosos. Al abrirlo, su expresión pasó de curiosidad a sorpresa contenida. Dentro había fotografías. Nari estaba en ellas, pero no con Jaejun. Estaba con otro hombre. Lo reconoció rápidamente pues era el cuñado de Yeonjin. Ha Seo Jun ...

Myeong-o levantó la vista, buscando una explicación en el rostro impasible de Dong-eun.

—¿Qué significa esto? —preguntó con un hilo de voz, aunque ya intuía la respuesta.

El silencio que siguió pesaba más que las palabras no dichas.

Dong-eun se inclinó ligeramente hacia adelante, sus dedos tamborileando sobre el borde de la mesa. Su sonrisa era tan fría como calculadora.

—Significa exactamente lo que ves, Myeong-o. Ella tiene sus secretos... —respondió, dejando las palabras flotando en el aire como una trampa tendida.

Myeong-o volvió a mirar las fotos. Una era particularmente reveladora: Nari sujetaba la mano del no tan desconocido Sunghoon, sonriendo de una forma que nunca había mostrado con Jaejun. Su respiración se aceleró. No sabía si la incomodidad era por el contenido del sobre o por la calma despiadada de Dong-eun.

—¿Por qué me enseñas esto? —murmuró, con una mezcla de nerviosismo y enojo.

Dong-eun sonrió de nuevo, esta vez dejando entrever un ligero tono de burla.

—Porque sé que no puedes resistirte a una oportunidad como esta. ¿No es eso lo que siempre quisiste? Ser más que su sombra...

Myeong-o apretó los labios. Las palabras lo hirieron más de lo que quería admitir, pero no podía apartar la vista de las fotos. Dentro de él, algo comenzaba a arder.

—¿Y qué quieres que haga con esto? —preguntó, su tono más firme, aunque por dentro estaba completamente quebrado.

Dong-eun se recostó en su silla, evaluándolo con calma.

—Eso depende de ti. Puedes quedarte con esta información... o usarla para cambiar tu posición. Pero elijas lo que elijas, recuerda: cada decisión tiene un precio.

El silencio volvió a llenar la habitación. Myeong-o no respondió de inmediato, pero el sobre seguía en su mano, como si pesara toneladas.

Myeong-o respiró hondo, intentando recobrar la compostura. Miró de nuevo las fotos, como si en ellas estuviera la clave para salir de la espiral en la que Dong-eun lo había metido.

𝐓𝐇𝐄 𝐆𝐋𝐎𝐑𝐘Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora