Si te pierdo... lo pierdo todo

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Estaba en clase justo a las 20:20 cuando me despabile del sueño y saqué el móvil para checar la hora. El profesor hablaba con tanta devoción que me sentía culpable por no recibir esa emoción por su materia.

Miré a un lado y vi unos compañeros hablar con susurros y se convidaban papitas bajo los pupitres; mire al otro lado y mi compañera descansaba los ojos con la barbilla muy en alto. El estómago me rugía y mis ojos pesaban del aburrimiento.

El móvil comenzó a vibrar y el nombre de Margarita apareció en la pantalla. ¿Por qué me llamaba mi ex suegra? Es cierto que tenemos una gran amistad a pesar de que su hijo terminará conmigo hace más de un año; ¿por qué me estaría llamando a estas horas cuando sabe que tengo clases? Caminé de ladito para salir del pasillo de bancas y salir del salón para contestar la llamada.

-Hola Margarita. ¿Cómo estas?
-(un sollozo)...Melany.

El corazón se me detuvo, al igual que la lluvia y la luz en general. ¿Que había ocurrido?

-Melany, es mi hijo, él... tuvo un accidente y no sobrevivió.
Las piernas me flaquearon y caí de boca aterrizando el celular a la deriva del segundo piso. Gateé hasta el móvil y continué escuchando las palabras de Margarita.

-Estoy con mi esposo aquí en el hospital dónde trajeron a nuestro hijo y estamos avisando a las personas más cercanas a él para el funeral. Melany, querida, respira hondo, sé que no es fácil pero no quiero que te desmayes. ¿Melany? ¿Sigues ahí?
-Ahh, Margarita, te llamo en un momento.

Corté la llamada y un pequeño hilo de aliento bajaba hasta mis pulmones, pero mis lagrimales estaban a punto de explotar.
Esto no era posible. Él no pudo haber muerto, él era relativamente sano, talentoso, divertido, tenía un futuro por delante. Y a pesar de que ya no era mi novio, no tenía que morir.
Tomé la orilla de las prendas sobre mi pecho intentando de alguna forma contener todo el dolor que estaba sintiendo. Me había sentado cerca del barandal y el trasero lo tenía mojado de toda la lluvia que se coló por el suelo, el cabello me chorreaba, pero no tanto como las mejillas.

No por favor, él no pudo haber muerto. Era increíble, magnífico y maravilloso. Alguien así no pudo morir.
Alguien salió del salón y escondí la cara entre mis rodillas. La tensión bajó un poco y llamé a Margarita.

- Sabes que mi madre no supo nunca lo de tu hijo y yo ¿Cómo le voy a explicar que mi novio murió? Aun pronto, ¿cómo iré al funeral?
-Mandaremos alguien por ti a la escuela y luego veremos como explicarle a tu mamá. Sólo por ahora intenta serenarte, no queremos que cometas alguna locura.
-Margarita...siento mucho tu pérdida. Sabes más que nadie cuanto amé a tu hijo y ni así puedo imaginar lo que tú y tu esposo sienten ahora.
-Gracias, Melany. Cuando llegues aquí te daré una enorme abrazo. Recuerda, serenate.

Si Te PierdoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora