KILLIAN
Un día. Ya había pasado un día entero. Empecé a dar vueltas alrededor del apartamento. Estaba nervioso, joder. Los informativos estaban repletos de idioteces y esperaba que dijeran algo de la mujer que había desaparecido. ¿Que cómo se habrían enterado? Su padre, a parte de un mafioso, era uno de los tíos más ricos de Italia. Era muy cauteloso con su vida privada, pero siempre había algo que les hacía salir en la prensa. Esa vez fue diferente. Porque cuando Leone Caruso salía en portada era por un cotilleo, no por haber denunciado la desaparición de su hija y haber pedido un puto rescate con la intención de pagar una gran suma de dinero. Los rusos no se merecían millones, y yo, sinceramente, no merecía a Sienna. El coronel había venido a mi apartamento a petición mía. Se encontraba sentado en el escritorio con el ordenador abierto mientras yo no le quitaba ojo a la televisión que emitía las noticias. Me mordía las uñas mientras daba vueltas y vueltas, intentando buscar una solución, intentando averiguar dónde estaba. Dónde cojones la habrían metido. Por supuesto, su móvil estaba apagado o fuera de cobertura.
—Si dejas de moverte, a lo mejor, y solo a lo mejor, me concentro —dijo el coronel dándose la vuelta hacia mí—. Capitán.
Me quedé quieto cuando me llamó por mi rango. Aunque estuviera en mi apartamento intentando ayudarme y buscar a la mujer de mis sueños, seguía siendo mi superior. Pasé la mano por mi cara con frustración. Entonces, un ruido en la puerta nos hizo mirarnos y luego desviar los ojos a la puerta con el ceño fruncido.
—Como sea el comandante, salto por la ventana.
Le miré poniendo los ojos en blanco. Últimamente era el único que se había preocupado medianamente por mí. Artem no lo sabía y no podía saberlo. Como le contase a mi padre que me había hecho amiguito del coronel, me cortaba la cabeza. Literalmente. Abrí la puerta viendo una cabellera rubia, larga y lisa al otro lado del umbral.
—¿Qué coño haces aquí?
Cooper sonrió de medio lado. Siempre había tenido en cuenta su lado maléfico contra Sienna. Pero nunca pensé que se acabaría aliando con el Vor de la mafia rusa por sus ganas de sacar a la chica Caruso de en medio. Era rastrera, una arpía en la que me habría fijado hace un tiempo. Pero ahora solo quería encontrar a una mujer de cabello largo negro y ojos verdes. Jade se acercó y pasó sus manos en mi pecho.
—¿No puedo venir a ver a mi hombre?
Su rostro estaba cada vez más cerca del mío. Tenía ganas de apartarla, pero un trato era un trato. Posó sus labios sobre los míos, intentando abrirse camino entre ellos. Les dejé cerrados para que no pudiera adentrarse, pero no tuve alternativa. Dejé que lo hiciera porque, si no lo hacía, le iría con el cuento a mi padre, y luego a la UICT delatando a Sienna y arruinando su carrera. A mí me daba exactamente igual. Al fin y al cabo yo me metí aquí de incógnito. Pero ella no. Tenía unos estudios, una formación y un puesto que ganó con mucho esfuerzo. Porque para mí era la mejor teniente de la UICT.
Me hice a un lado para que Jade entrase en mi apartamento. No quería hacerlo, pero no tenía otra opción. Cuando vio al coronel, frunció el ceño y me miró. Hizo el gesto militar para saludarlo.
—Buenos días, coronel.
James la miró de reojo, observándome en el proceso.
—Descanse, teniente —el coronel se levantó del escritorio cerrando el ordenador y llevándoselo—. Por hoy se lo dejo pasar, pero sabe que no puede estar en el edificio masculino. Seguiremos con la reunión en otro momento, capitán.
Asentí viendo como se marchaba. Su voz recalcó un tono que me decía "tenemos que hablar". La televisión seguía encendida en los informativos. Jade analizó el apartamento mientras la televisión seguía dando las noticias. Y entonces vino la que más esperaba.
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SIENNA CARUSO
Teen FictionLibro II de la saga "Tentación Italiana". Teniente Sienna Caruso. Hija del mafioso más temido de la Sacra Corona Unitá, cosa que ella no sabe. A su parecer, solo es la hija del multimillonario más poderoso de Italia. Decidió cumplir su sueño: formar...
