SIENNA
Aunque no lo pareciera, la fantasía y la realidad iban de la mano. O al menos la mayoría del tiempo.
Jamás me dejé llevar por mis sentimientos para evitar la verdad. Dejaba que mis emociones no me nublasen la vista para ver las cosas como no eran. Pero eme aquí, observando los ojos de un hombre que, por una cosa o por otra, me había engañado durante semanas. Semanas en las que llegué a pensar que podía sentir algo por mí, semanas en las que me dejé llevar y que disfruté como un niño con un nuevo caramelo.
Y, ¿para qué? Me limité a confiar y al final fue él el que me dio la puñalada por la espalda. Aunque lo peor no fue eso, sino que incluso mi familia me la dio. Que me rescatase mi equipo era una cosa y que mi padre viniera a buscarme me removió algo por dentro. Pero, ¿enterarme de que era la hija del líder la mafia italiana que la UICT llevaba años tratando de encontrar? Eso sí que no me lo esperaba, así que empecé a atar cabos.
¿Por qué la central de Italia me trataba como si tuviera la peste? Porque era la hija del Don.
¿Por qué mi padre me odiaba por haberme dedicada en cuerpo y alma a una rama de la justicia contra el crimen? Porque era su hija.
Todos me odiaban, de una forma u otra, por un crimen que no cometí. Si nacer en la mafia fuera un delito, entonces debía estar muerta. Las probabilidades de que me metieran en la cárcel nada más aterrizar en Washington D.C eran altas. Demasiado altas.
La voz de mi padre gritándome me sacó de mi ensoñación. Los golpes en la puerta me devolvieron a la realidad en la que, si no me daba prisa, terminaría como un colador a manos de los rusos, porque no dudarían en dispararnos después de que Killian los hubiera traicionado.
—¡Sienna! —lo miré, apartando los ojos de esos iris grises que me atravesaban el cuerpo entero—. ¡Sube al helicóptero, ya!
Solté el brazo de Killian de mala gana, observando a mi padre con furia. Me había engañado durante años, me había repudiado por hacer lo que yo quería, por dedicar mi vida a lo que me gustaba. Y me había tratado como la peste, la oveja negra de la familia. Pasé por su lado, chocando mi hombro con el suyo con fuerza. No quería hablar con él. Con ninguno de los dos.
Subí al helicóptero y ninguno de mis compañeros me ayudó, cosa que no me sorprendió en absoluto. Bianca me observaba con pesar, igual que Fiorella. No conseguí descifrar la expresión del comandante, pero la de su hijo sí. Enzo me apuntaba con el rifle con decisión, como si en cualquier momento estuviera dispuesto a dispararme. Dejé mi arma en el suelo del helicóptero despacio, mientras escuchaba como mi padre y Killian subían por las escaleras.
De repente, un rifle estaba delante de mí, apuntando hacia el hijo del comandante.
—Dispara y te mato.
La voz de Killian se coló por mis huesos, provocándome un escalofrío que me esforcé por ocultar. El comandante alzó su arma para apuntar al capitán que dirigía mi tropa y entonces noté cómo mi padre se ponía a mi lado y apuntaba al frente.
—Ni se le ocurra, comandante.
Éste soltó una carcajada sin gracia, mirando el panorama que se había montado en menos de tres minutos.
—¿Ahora os defendeis entre vosotros? —preguntó Reid, con una sonrisa de medio lado—. Qué tierno.
Me cabreó. Joder, cabrearon todos. Estaba harta de tener una venda en los ojos que me impedía ver la realidad. Era la hija del Don, sí, pero también era la mejor teniente de la UICT. Y pensaba demostrarlo. Por eso, cogí una de las pistolas que aún guardaba en mi cadera, me di la vuelta y apunté a mi padre en la sien.
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SIENNA CARUSO
Novela JuvenilLibro II de la saga "Tentación Italiana". Teniente Sienna Caruso. Hija del mafioso más temido de la Sacra Corona Unitá, cosa que ella no sabe. A su parecer, solo es la hija del multimillonario más poderoso de Italia. Decidió cumplir su sueño: formar...
