KILLIAN
Miré el cielo oscurecido de la noche mientras frotaba mis ojos con desesperación. La brisa nocturna me revolvía el pelo ya bastante alborotado. Llevaba casi dos días sin dormir ni descansar. Estaba enfadado, cabreado, por todo lo que mi padre y la Bratva estaban haciendo. Se la habían llevado, me habían chantajeado, y encima el coronel me había prohibido estrictamente ir a rescatar a la mujer por la que llevaba cabreado y loco desde hacía prácticamente un mes. Decidí llamar, a solas, a la persona que estaba seguro que sabría de ella.
—¿La has secuestrado por órdenes de mi padre?
—Pues claro —respondió Novikov al otro lado de la línea—, ¿qué pensabas que haría?
Suspiré, cerrando los ojos. Intenté por todos los medios no reventar el móvil contra la pared en la que estaba apoyado. Me había escondido en un rincón del campo de entrenamiento para poder hablar tranquilamente sin que me espiara nadie. En el cielo no se veía ni una estrella, estaba tan nublado que en cualquier momento se pondría a llover.
—No lo sé, quizás irte con tus putas en vez de ayudar al secuestro de esa chica y del hijo de tu jefe —espeté, mirando a todos lados—. No te creía así de gilipollas.
Una risa se escuchó al otro lado de la línea. Por mucho que quisiera aparentar tranquilidad, lo único que sentía dentro de mí era un fuego que estaba a punto de arrasar con todo lo que se me pusiera por delante.
—Devuélveme a la chica antes de que vaya yo a arrancarte la cabeza, Novikov —respondí, aunque había sonado demasiado ansioso. Me apresuré a seguir hablando antes de que notase mi desesperación—. La central anda buscándola como locos. Preferiría no morir a manos de esta gente por una mujer, así que haz el favor de traerla de vuelta antes de que las cosas se pongan feas.
Novikov soltó una carcajada, respondiendo a mi, al parecer, no muy convincente petición sin importancia sentimental.
—No pienso hacerlo —contestó, con un tono de voz de lo más tranquilo—. Tu padre tiene que verla antes de que alguien la mate.
Joder... Si no hacia algo estaba completamente seguro de que mi padre le pegaría un tiro entre ceja y ceja. Su objetivo siempre había sido el mismo: matar a la hija de Caruso para vengarse por la muerte de Arianna Martini. Y nunca, jamás, ha habido otro motivo por el que mi padre quisiera matarla. A parte de su odio hacia el padre de la chica y su constante odio mutuo.
—La tarea de matarla es mía -recordé, cruzandome de brazos, aún con el teléfono en la oreja—. No me toquéis los cojones y dejádmelo a mí. Y si aún no está muerta es porque a mí me ha dado la gana. Tomadlo como una especie de revelación contra mi querido padre, si queréis. Pero su muerte me pertenece.
Novikov volvió a reír al otro lado. Si pudiera meter la mano a través del teléfono le estrangularía en un abrir y cerrar de ojos.
—Venga, chico. Te conozco desde que eras un crío —respondió—. Te instruí para eso, y ¿ahora me vienes a decir que no la mataste porque querías revelarte contra el Vor? No te lo crees ni tú.
No respondí al momento. No respondí porque hasta yo estaba empezando a preguntarme cuál era el objetivo de no haberla matado todavía. Mi padre y yo hicimos un trato. Si no la mataba, mi padre mataría a mi madre. Esa que tenía secuestrada en su mansión en Moscú, esa que me dejó con ese monstruo una temporada. Esa que me dejó, literalmente, en una masacre a manos de los rusos y los italianos. Toqué mi cicatriz con la mano, recordando lo que ese monstruo me hizo a partir de un arrebato de ira. Mi madre calló al ver semejante desgracia. Se limitó a callar porque no podía enfrentarse a una persona como Vitali. Parpadeé un par de veces, dejando a un lado los recuerdos de mi infancia y concentrándome en la conversación que estaba teniendo con la mano derecha de mi padre.
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SIENNA CARUSO
Novela JuvenilLibro II de la saga "Tentación Italiana". Teniente Sienna Caruso. Hija del mafioso más temido de la Sacra Corona Unitá, cosa que ella no sabe. A su parecer, solo es la hija del multimillonario más poderoso de Italia. Decidió cumplir su sueño: formar...
