21

229 20 1
                                        

SIENNA

Limpié el desastre como pude y me quedé tumbada en la cama con un libro. Rebusqué en el escritorio que había en la habitación y encontré una adaptación de Orgullo y Prejuicio en un rincón del cajón más alejado. La conversación con la central de Italia no había sido tan larga como me había imaginado.

Soy la teniente jefe Sienna Caruso, estoy en Rusia, secuestrada por la Bratva en contra de mi voluntad. Solicito un rescate urgente por parte de la central de Washington D.C.

Miré hacia la puerta, tocando mi frente con la palma de la mano. Si alguno de los guardias me llegaba a escuchar, o incluso si Novikov entraba sin avisar y me pillaba con un teléfono móvil en las manos, me mataría. Literalmente.

—¿Sabe donde se encuentra exactamente? —preguntó la mujer al otro lado, con un tono de lo más monótono, indiferente y aburrido. Eso me cabreó aún más.

No tengo ni idea de dónde estoy —contesté, a punto de perder la paciencia. Cogí aire antes de continuar—. Solo sé que estoy en un club nocturno en Rusia, de planta cúbica y varios pisos. Necesito un rescate ya.

Escuché como la mujer al otro lado tecleado algo al otro lado de la línea telefónica.

Mire —continué, haciendo que el dichoso sonido del teclado se esfumase-. Lo único que le estoy pidiendo es que avisen a la central de Washington D.C, donde me han trasladado hace poco.

—Acabo de verlo en el ordenador —dijo la mujer—. Le informaré al general Peruzzi de su petición. Volveremos a contactar con usted a través de un número autorizado en la ubicación donde se encuentre.

Me quedé atónita y mi corazón empezó a latir con fuerza, cada vez más rápido, mientras mis pulmones simplemente se desinflaban a la misma velocidad.

No hay ningún número al que puedan llamar en mi ubicación —espeté, con los ojos abiertos como platos sin poder dejar mi vista en ningún punto fijo de la habitación—. Necesito que se comuniquen conmigo a través de este número.

Recalqué la palabra "este", para que pudiera captar que si llamaban a otro número de teléfono al que Novikov, Vólkov o cualquier otro miembro de la Bratva tuviera acceso, estaba muerta. Si descubrían todo lo que estaba haciendo, me votarían la cabeza en tan solo dos putos segundos. Y yo, precisamente, no los tenía.

Escúchame bien —musité, con la voz cargada de advertencia—, guarda este número, estab ubicación, o lo que vosotros queráis. No podéis contactar con ninguna otra cosa a mi alrededor porque, como lo hagáis, me mataran. La Bratva me ha secuestrado y me parece que tú no entiendes el estado de gravedad en el que me encuentro. Así que haz el favor de pasarme ahora mismo con el general, con el coronel, o con quien sea. Pero ya.

Una música de espera me hizo cerrar los ojos con fuerza, coger aire y soltarlo lentamente para evitar por todos los medios romper cualquier cosa y llamar la atención de los guardias que deducía que ya habrían vuelto a sus puestos. Novikov no tardaría en llegar y tenía que darme prisa.

General Peruzzi.

Solté un suspiro de alivio al escuchar una voz conocida.

General -saludé, haciendo el amago de realizar el saludo militar sin siquiera tenerle delante. Ladeé la cabeza de lado a lado por mi estupidez—. Soy la teniente Sienna Caruso.

¿Teniente? —escuché su voz llena de sorpresa—. ¿Se encuentra bien? He oído las noticias.

Puse los ojos en blanco.

SIENNA CARUSODonde viven las historias. Descúbrelo ahora