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KILLIAN

-¿Qué sugieres?

Liam era una persona astuta, segura de sí misma. Era fácil seguir sus instrucciones como capitán, porque siempre velaba por el bien de sus soldados. Incluso cuando él mismo se encontraba en problemas.

-¿Confías en mí? -preguntó, intentando respirar con regularidad. Su pecho subía y bajaba lentamente, pero con fuerza. Como si le estuviera costando coger aire.

Negué con la cabeza.

-No.

Podría ser un buen líder, un buen capitán. Podría velar muchísimo por el bienestar de sus soldados y podría tenerlo todo bajo control. Pero, aunque no fuera nada personal, no confiaba en él. No estaba en posición de confiar en nadie, aunque ya lo hubiera hecho con el coronel. James era una excepción, y, aún así, no se lo había contado todo.

Liam sonrió de lado, encongiéndose de hombros.

-Pues vas a tener que hacerlo, o no encontrarás a Sienna.

Chisté la lengua, porque, por mucho que me jodiera, tenía razón.

-Vale, cuéntame.

Liam se giró hacia atrás, señalando con la cabeza de forma débil la cornisa del edificio contiguo. Se apretaba la herida con las dos manos para aliviar el dolor, aunque notaba cómo le costaba horrores no gritar. No podíamos llamar tanto la atención, o, al menos, más de lo que ya lo habíamos hecho.

-¿Ves ese cable?

-Sí -respondí, averiguando lo que estaba tratando de decirme.

-Nos colgaremos y avanzaremos.

Me le quedé mirando unos segundos de más, alternando la vista entre el cable que decía y él. Cogí aire, cruzando mis brazos desnudos sobre mi pecho para intentar entrar en calor. Hacía un frío de mil demonios por las noches, joder. Me había acostumbrado al clima veraniego de América y había olvidado el país congelado en el que había nacido.

-Ni de coña.

-¿Tienes alguna idea mejor?

No, por supuesto que no. Pero él estaba herido, no podría cruzar sin indicios de caída y no soportaría a la pelirroja culpándome día y noche de la muerte de su novio. Si ya era un grano en el culo, lo sería incluso más.

-Buscaremos otro camino, siempre lo hay -dije, mirando a todos lados.

-Esta vez no.

Me giré de nuevo hacia él, y me estaba sacando de mis casillas.

-Estás herido, no vas a poder cruzar.

Elevó una de sus cejas.

-¿Probamos?

Sí que era cabezota el capitán... Tampoco podía decirle que no y, qué narices, debería importarme una mierda su estado de salud. Pero, por alguna razón, se me revolvía algo en el estómago cuando lo veía sujetarse la pierna con una mueca de dolor.

Solté un bufido ignorando su mirada y me acerqué a la cornisa, colocando un pie sobre ella y apoyando mi brazo en la rodilla. La distancia entre nosotros y el asfalto podría ser, tranquilamente, de unos diez metros como mínimo. La caída sería mortal, pero ninguno sentiría ningún dolor. Si estuviera siguiendo las órdenes de mi padre, ya habria matado a Liam, o incluso dejaría que fuera primero y lo empujarla para provocar un <<accidente>>.

Pero yo no era así, joder. Yo no era como mi padre.

-¿En qué piensas?

La voz de Liam me sacó de mis pensamientos. No me giré para observarlo porque, si lo hacía, vería todas las emociones que se me estaban acumulando en la cabeza reflejadas en los ojos.

SIENNA CARUSODonde viven las historias. Descúbrelo ahora