Nuestro último cigarro.
Estoy en la cabaña donde duerme Sevika en está ciudad de mierda. Su humilde morada no es muy acogedora, ni siquiera tiene una buena decoración. Solo tiene lo justo y necesario para vivir un par de semanas aquí. Ella está junto a una gran chimenea, removiendo la leña para hacer más acogedor el lugar.
Estoy sentada en el sofá granate de la habitación, es viejo. Mi espalda está encorvada al no tener una posición recta, las manos me tiemblan con abundancia. Tiemblan de la rabia y impotencia, por lo sucedido pero he convencido a Sevika de que simplemente es por la temperatura de las calles, aunque mi estado me delata.
Las lágrimas caen por mis ojos, poco a poco recorren mis mejillas cayendo al papel de liar, estoy intentando liarme un cigarro como puedo pero mi paciencia y mi vista cristalizada lo impiden.
No es mi tabaco favorito, ni de lejos. Pero al menos tengo algo con lo que ahogar la traición. Siempre Sevika me guarda lo más minimo de tabaco a pesar de que no la guste que fume.
Sevika mantiene la calma por mi porque ella sabe que es lo que necesito.
Nunca me ha visto llorar, hasta ahora.
-A la mierda todo.- Exclamé, no puedo liarlo adecuadamente por el temblor de mis dedos. Me rindo con facilidad, no puedo soportarlo más. Todo esto me está consumiendo.
La morena deja de darme la espalda, al darse cuenta de mi estado. Ve el intento fallido del cigarro y su rostro se llena de simpatía por mi, camina hasta que su cuerpo está sentado a mi lado en el dichoso sofá arañado. Silenciosamente, empieza a armar el cigarro por mi.
No dice nada, solo deja que llore, que exprese lo que llevo callando.
-No puedo más con nada, me rindo.- Vuelvo a hablar. Me paso las manos por el pelo, para que no me vea llorar de esa forma tan desesperada.
-Sigues teniendo el mismo llanto que cuando eras una cría.- Su voz es suave, algo nostálgica recordando esos tiempos. Sus dedos buscan mi mentón, para poner el cigarro entre mis labios y acto seguido, ella lo enciende.
Suspira viéndo como el cigarro empieza a consumirse tras la larga calada. Se que la ansiedad no se va a ir, pero es lo único que me consuela ahora mismo. Siento el humo invadir mis pulmones, pero esta vez la sensación no es satisfactoria, siento que me ahogo. Apenas puedo meter una bocanada de oxigeno en mis pulmones sin que sienta esa sensación de asfixia y vacío.
¿Tan reemplazable soy?
Todos los besos, las caricias, cada roce entre ella y yo.
Fue todo una mentira.
Me siento tan jodidamente tonta, solo he caído en su trampa. La Athenea de antes no le hubiera importado una mierda esto, simplemente me he condenado yo sola a esto por quererla. Quiero gritar, quiero gritarle toda la espiral de sentimientos que se ahogan en mis sollozos. Tengo el corazón que me va a reventar.
Lo del otro día, no fue nada. Ahora si que tengo motivos para mandar a todos a la mierda, y no volver. Ahora me siento mal. Me siento traicionada. He visto con mis propios ojos como me engaña, como sus labios vuelven a ella. Solo de pensar en eso, el tabaco ya deja de ser un anti depresivo, no tiene efectos.
-¿Que ha pasado, Athenea?- Sevika me mira y una de sus manos acaricia mi hombro, animándome a hablar sobre el tema.-Puedes confiar en mi, lo sabes.. Solo no lo pienses, déjalo salir.
Me da miedo abrirme, me da miedo tener una mala reacción de Sevika. Aunque se que esa probabilidad no va a pasar, pero me sigue dando miedo.
-Ella se fue con otra- Siento su mirada. Pero la mía esta vacía, doy otra calada fuerte consumiendo gran parte del cigarro para no morirme de ansiedad.- Se fue con ella..
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𝐮𝐥𝐭𝐫𝐚𝐯𝐢𝐨𝐥𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚. || 𝐕𝐢
FanfikceTras la dictadura de Caitlyn y Ambessa. Athenea tiene que volver a Piltover a cumplir los últimos deseos de su padre. Los fantasmas del pasado acechan y los nuevos amores distraen el objetivo real de nuestra chica. Esta historia demuestra el dolor...
