Nora
La noche prometía ser un caos maravilloso y , francamente, lo necesitaba. Después de semanas de exámenes, trabajos y las interminables emociones que me generaba Dylan, mis amigas me habían convencido para salir.
- ¡ Esta noche vamos a desmelenarnos!- gritó Berta mientras nos arreglábamos en mi habitación.
Nerea asintió con entusiasmo mientras se terminaba de retocarse el eyeliner.
- Esta noche, nada de agobios, nada de preocupaciones. Hoy eres libre, Nora- Lo dijo con esa mirada cómplice que siempre tenía cuando intentaba sacarme de mi zona de confort.
Y aunque al principio dudé, al final me dejé llevar por las chicas.
Necesitaba algo de aire fresco en mi vida, aunque fuera entre las luces de neón y el ruido de la música.
Llegamos a Gran Vía alrededor de las once, cuando la calle ya estaba viva con su habitual caos nocturno. Los bares estaban llenos, la gente iba y venía riéndose, y las luces daban a todo un toque casi cinematográfico.
Entramos a un bar que Berta conocía, abarrotado de gente, con una energía eléctrica que me contagió al instante.
-¡Primera ronda de chupitos!- grito Nerea, ya arrastrándose hacia la barra antes de que pudiéramos protestar.
El primer trago bajo demasiado rápido. El segundo, más fácil aún. Para el tercero, ya yo estaba riéndome de cualquier cosa que me dijeran. Sentía la calidez del alcohol extendiéndose por mi cuerpo, relajándome, soltando los nudos en mi cabeza que llevaban semanas ahí.
- ¡ A la pista!- gritó Berta, y antes de que pudiera reaccionar, ya estábamos rodeadas de gente, moviéndose al ritmo de la música como si el mundo se hubiera reducido solo a este momento.
Y por un rato, realmente lo disfruté. No pensaba en nada más, solo el presente: la música, las risas, el sudor, el latido constante del bajo. Pero después de varias canciones y unos cuantos chupitos más, todo empezó a volverse un poco... borroso.
- Voy a salir un poco afuera, chicas- dije, aunque no estaba segura de que nadie realmente me escuchara.
Salí del bar tambaleándome un poco, sintiendo cómo el aire frío de la noche me golpeaba de lleno.
Era un alivio después del calor del interior, pero también me hizo darme cuenta de lo mareada que estaba. Apoyé la espalda contra una pared, cerrando los ojos e intentando estabilizarme.
- ¿Nora?
Abrí los ojos de golpe al escuchar esa voz con ese acento canario. Incluso en mi estado, la reconocí al instante.
Dylan.
Estaba de pie frente a mí, con el ceño fruncido, vestido con una chaqueta oscura y unos vaqueros. Se veía fuera de lugar en medio del caos de Gran Vía, como si fuera un anclar en medio de una tormenta.
- ¿Qué haces aquí?- pregunté, intentando parecer más sobria de lo que estaba.
- Eso mismo te iba a preguntar yo - Su tono era una mezcla de ira y de preocupación. ¿Cuánto has bebido?
Me reí, aunque sonó más cómo un gemido torpe.
- Lo suficiente para pasármelo de puta madre, si es eso lo que preguntas.- Intenté sonar confiada, pero el mareo que sentía no ayudaba.
Dylan suspiró, pasándose una mano por el pelo.
- Pelirroja, estás hecha un puto desastre. Vamos, que te llevo a casa.
- ¡ No quiero irme!- protesté cruzando los brazos como si fuera una niña pequeña. Una parte de mí sabía que tenía razón que apenas podía mantenerme en pie, pero no quería que la noche acabara así.
- Vamos no me jodas, Nora. Apenas puedes caminar- Aunque su tono era firme, vi la preocupación en sus ojos.
Intenté demostrarle que estaba perfectamente dando un paso hacía él, pero mi propio pie tropezó con el otro, y ante que pudiera caerme de boca, Dylan me sujetó.
- Ya suficiente.- Su voz era cortante, pero había algo en su expresión que me descolocó.
- ¿Por qué estás aquí?- pregunté otra vez; mi voz sonó más suave esta vez.
- Marc me dijo que salías con las chicas por aquí y pensé que alguien tenía que asegurarse de que no te pasara nada .-Su mirada se suavizó un poco. Y parece que tenía razón.
Me dejé caer contra su pecho, demasiada cansada para discutir con él . Entre el alcohol y el cansancio, solo quería cerrar los ojos y olvidarme de todo. Dylan me sostuvo con sus brazo fuertes alrededor d mi, como si fuera la única cosa que evitaba que me derrumbara por completo.
- Gracias, canario... - murmuré, con mi voz apagada.
- Vamos, borracha, vamos.- Aunque sonaba enfado, podía notar una pequeña sonrisa en su voz.
Me ayudó a caminar hasta coger un taxi, con su brazo alrededor de mi cintura para mantenerme estable. Durante el trayecto a casa, apenas podía mantener los ojos abiertos, pero sentía su mirada sobre mí, como si estuviera asegurándose de que estaba bien.
Cuando llegamos a mi piso, Dylan insistió en acompañarme hasta la puerta.
- ¿Tienes las llaves?- preguntó, mientras yo buscaba torpemente en mi bolso.
- Aquí... están . Le tendí el llavero de las llaves, y él me abrió la puerta con paciencia.
Ya dentro, me ayudó a sentarme en el sofá y fue a buscarme un vaso de agua.
- Eres un cabrón mandón, ¿lo sabías?- le dije cuando volvió, aunque mi tono era más juguetón que otra cosa.
- Y tú eres un desastre, ¿lo sabías?- respondió, dejándome el vaso en la mesa.
Sonreí débilmente, sintiéndome demasiado cansada para seguir discutiendo.
- Gracias por venir, canario. En serio.
Él me miró por un momento, como si estuviera evaluando si debía decir algo más, pero al final solo asintió.
- Descansa, pelirroja . Mañana te quejarás, pero hoy he hecho lo que tenía que hacer.
Mientras lo veía salir por la puerta, una parte de mí se dio cuenta de lo mucho que significaba para mí tenerlo ahí, incluso en mis peores momentos . Y aunque no lo admitiera en voz alta, sabía que esa noche no la olvidaría fácilmente.
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MÁS ALLÁ DE LAS DIFERENCIAS (Entre dos mentes 1)
Novela JuvenilMás Allá de las Diferencias" Nora Becker, una joven de 19 años apasionada por la psicología, se enfrenta a nuevos desafíos al comenzar sus estudios en la Universidad Complutense de Madrid. En la residencia universitaria, comparte habitación con Dyla...