Jisung nunca planeó quedar embarazado y mucho menos del jefe de la mafia más peligrosa del país Lee Minho. Ahora atrapado en un mundo de sombras y violencia Jisung no solo debe protegerse a sí mismo sino también al los bebés que lleva dentro. Mientr...
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La inquietud de cómo podría decirle a Minho lo que ahora sabía carcomía la mente de Jisung. El peso de la verdad era una carga insoportable, especialmente porque conocía a Minho mejor que nadie. Sabía cuánto le dolía pensar en su madre, cuánto le costaba enfrentar los sacrificios que ella había hecho por él, y cómo cada mención de su pasado removía heridas que nunca terminaban de sanar.
Minho no tenía la culpa de nada. Era solo un niño cuando todo ocurrió, pero eso no impediría que las palabras lo afectaran, que sintiera ese vacío inmenso al descubrir otra verdad oscura sobre su familia.
Al llegar a casa el silencio lo recibió como un viejo amigo. La ausencia de Minho le dio un respiro que no sabía que necesitaba. Soltó un suspiro largo y se dejó caer en el sofá, sintiendo cómo su cuerpo por fin descansaba después de un día agotador.
Pero su mente, esa no paraba. Mientras comía un plato con mandarinas su mirada se perdía en algún punto de la mesa, los pensamientos dando vueltas sin cesar.
No se dio cuenta de la presencia de Jeongin hasta que se sentó junto a él con naturalidad, agarrando una mandarina del mismo plato. Su compañía nunca era intrusiva. Era un apoyo constante, silencioso, como un guardián fiel.
— Te preocupa algo ¿no? — preguntó Jeongin con voz tranquila mientras pelaba la mandarina, rompiendo el silencio que había invadido la habitación.
Jisung lo miró de reojo tomando otra rodaja de su plato y llevándola a su boca antes de suspirar pesadamente.
— Algo así — murmuró con sinceridad dejando que su mirada se fijara nuevamente en el suelo.
Jeongin lo observó con atención, sus ojos oscuros brillando con la mezcla perfecta de curiosidad y preocupación.
— Cuéntame — insistió con suavidad pero con el tipo de firmeza que hacía difícil ignorarlo.
Jisung se quedó en silencio por unos segundos, ordenando sus pensamientos mientras jugueteaba con una rodaja de mandarina entre sus dedos. Al final, habló en voz baja casi como si le costara admitirlo.
— No sé cómo decirle a Minho algunas cosas.
Jeongin frunció ligeramente el ceño, pero no por enojo, sino por empatía. Dejó la mandarina sobre el plato y se giró por completo hacia Jisung prestándole toda su atención.
— No escuché de qué hablaron con Lia — comenzó Jeongin con un tono calmado y cálido — pero te aseguro que si hay alguna persona capaz de darle estabilidad al jefe, eres tú.
Jisung levantó la mirada encontrándose con los ojos sinceros de Jeongin y sintió una ligera presión en el pecho.
— Jeongin… — murmuró pero el joven negó con la cabeza, sin dejar que dudara.
— Habla con él. Minho te escucha porque confía en ti más que en nadie. Solo tienes que ser honesto y apoyarlo, el te ama demasiado como para ignorar lo que tengas que decir. No importa cuán difícil sea.