Jisung nunca planeó quedar embarazado y mucho menos del jefe de la mafia más peligrosa del país Lee Minho. Ahora atrapado en un mundo de sombras y violencia Jisung no solo debe protegerse a sí mismo sino también al los bebés que lleva dentro. Mientr...
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La vida de Doyun era un laberinto de decisiones que siempre lo llevaban al mismo callejón sin salida. La frustración. Cada sacrificio, cada paso dado para proteger a Felix o cumplir con las imposiciones de Yoon, lo encadenaba más a una vida que nunca había elegido del todo. Su existencia era una mezcla amarga de deber y resentimiento, y aunque intentaba convencerse de lo contrario, sabía que en el fondo no lo hacía por lealtad, sino porque no había tenido el valor de alzar la voz cuando más importaba.
Y entonces estaba Minho.
Cada vez que pensaba en él, su pecho se llenaba de un fuego abrasador, una mezcla venenosa de envidia y rabia. Minho tan brillante, tan fuerte. Minho que se había ganado en unos años el respeto y la admiración que Doyun llevaba décadas soñando con obtener. Cada éxito de Minho era una puñalada, un recordatorio constante de lo que él nunca había sido, de lo que jamás sería.
¿Por qué había hecho todo esto? Esa pregunta resonaba en su mente como un eco interminable. ¿Era miedo lo que lo había detenido? ¿Falta de carácter?
No, no era miedo. No era debilidad. Era algo más insidioso, algo que lo había consumido desde que era joven, el resentimiento de saber que su vida había sido moldeada por las decisiones de otros.
Su hermano Yoon, había sido el primero en robarle lo que él creía suyo por derecho. Cuando su padre murió, Doyun había imaginado un cambio, una oportunidad para demostrar su valía, para liderar con justicia y llevar a la familia hacia la grandeza. Pero Yoon con su actitud calculadora y manipuladora, había tomado las riendas y relegado a Doyun al papel de segundón.
Incluso cuando Yoon propuso su plan de fingir su muerte, Doyun intentó resistirse. Pero como siempre, no le quedó más que agachar la cabeza y aceptar. La lealtad al hermano, al legado, al apellido, lo había convertido en un prisionero de su propia familia.
Sin embargo lo peor llegó cuando Minho asumió el liderazgo. Doyun lo vio crecer desde las sombras, observando cómo el joven tomaba el lugar que él siempre había querido. Cada mirada confiada de Minho, cada decisión firme que tomaba, cada victoria que lograba, eran como ácido sobre las heridas abiertas de Doyun.
La primera vez que Minho logró estabilizar la organización después del caos dejado por Yoon, Doyun no pudo ocultar su sorpresa. ¿Cómo lo hacía? ¿Cómo podía un chico que apenas había vivido, liderar con tanta fuerza y claridad? Era inaceptable. Y sin embargo había algo en Minho que lo fascinaba y lo repelía al mismo tiempo.
Minho era todo lo que él había soñado ser, pero mejor. Más capaz, más respetado, más fuerte.
Cuando Minho anunció el embarazo de su omega, Doyun sintió que su mundo se tambaleaba. ¿Cómo era posible que a él se le celebrara todo? A Doyun lo habían juzgado y despreciado por sus decisiones, pero Minho era alabado por cada paso que daba, como si no pudiera equivocarse. El hijo del hombre que le arrebató todo tenía algo que él jamás tendría. Aceptación.