Extra 4

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Nota: Esta parte de la historia se desarrolla después del capítulo final.

Nota: Esta parte de la historia se desarrolla después del capítulo final

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Los recuerdos son caprichosos.

Algunos son nítidos, otros borrosos. Algunos están llenos de risas, otros de lágrimas. Pero sin importar su naturaleza, todos los llevamos con nosotros.

¿El primer recuerdo? Ese es un misterio. A veces es un momento significativo que marca el inicio de algo importante. Otras veces es una escena trivial que por alguna razón, se aferra a nuestra memoria sin explicación.

Para Felix su primer recuerdo estaba teñido de dolor y consuelo a partes iguales.

Se veía a sí mismo, pequeño, con los ojos empañados por lágrimas y la rodilla raspada después de una caída torpe. Pero lo que realmente se quedó grabado en su mente no fue el ardor en su piel, sino la calidez de los brazos de su padre al levantarlo del suelo.

Recordaba sus manos firmes pero cuidadosas, la manera en que con infinita paciencia limpió sus mejillas húmedas y sopló suavemente sobre su herida para calmar el escozor.

Cuando era niño, ese momento solo significaba un raspón y una caricia reconfortante.

Ahora con los años encima, entendía que era mucho más que eso.

Era amor.

Era protección.

Era la certeza de que siempre hubo alguien dispuesto a sostenerlo, incluso cuando el mundo se sentía demasiado grande.

Felix con los ojos brillantes por las lágrimas, veía a su padre inclinarse frente a él, sosteniendo un pañuelo entre sus dedos cálidos.

— Vamos, ya no llores — murmuró Doyun con ternura mientras limpiaba con cuidado la rodilla herida — El dolor desaparecerá en algún momento.

Felix con la voz temblorosa y los labios fruncidos en un puchero infantil, respondió:

— Pero quedará una cicatriz…

Doyun sonrió con calma.

— Lo sé — susurró — Pero eso solo te recordará lo fuerte que has sido para superarlo.

Y entonces el sueño se desvaneció, dejando solo el eco de aquellas palabras y la sensación del pañuelo sobre su piel.

Felix despertó en la penumbra de su habitación con un nudo en la garganta y lágrimas rodando silenciosas por sus mejillas. Afuera la noche seguía su curso, indiferente a la ausencia que pesaba sobre su pecho.

Habían pasado solo unos días desde que enterró los restos de su padre, pero el vacío seguía ahí, un eco persistente en su alma. El dolor no era tan desgarrador como al principio, pero tampoco había desaparecido.

Era como aquella cicatriz en su rodilla.

Ya no sangraba, ya no ardía, pero seguía ahí. Un recordatorio de lo que había perdido… y de lo fuerte que había sido para seguir adelante.

Cadenas De Luna ~ MinsungDonde viven las historias. Descúbrelo ahora