Jisung nunca planeó quedar embarazado y mucho menos del jefe de la mafia más peligrosa del país Lee Minho. Ahora atrapado en un mundo de sombras y violencia Jisung no solo debe protegerse a sí mismo sino también al los bebés que lleva dentro. Mientr...
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La conexión entre dos almas ¿se forjaba con el tiempo, moldeada por las experiencias compartidas? ¿O era algo que el destino ya había tejido mucho antes de que siquiera se conocieran, enlazándolos en un lazo invisible e inevitable?
Si Seungmin y Chan tuvieran que responder, sería una pregunta difícil. Su historia de amor no comenzó en el primer encuentro, ni con una mirada que encendiera una chispa instantánea. No fue un flechazo, ni un destino escrito en piedra. Su amor nació después, cuando el tiempo y las circunstancias los llevaron, casi sin que se dieran cuenta, a encontrarse de nuevo en el mismo camino.
Seungmin bajó de la camioneta con una sonrisa radiante, sus pequeños zapatos golpeaban el pavimento mientras corría emocionado hacia la casa. Había tenido un buen día en la escuela y lo único que quería era ver a su madre y contarle todo. Pero cuando entró en la sala, su entusiasmo se frenó de golpe.
La habitación estaba ocupada por desconocidos. Un hombre alto y de presencia imponente estaba sentado en el sofá, sosteniendo un vaso con elegancia, mientras su mirada analizaba todo con dominio. Junto a él, en silencio absoluto, había un niño con los mismos ojos oscuros y fríos. Seungmin lo observó con curiosidad.
Dio un paso hacia adelante, queriendo entender la escena, cuando la voz de su madre lo hizo detenerse.
— ¡Seungmin! — Lia casi gritó, su tono cargado de alerta — Sube a tu habitación. Mamá irá contigo en unos momentos.
Seungmin frunció el ceño. ¿Por qué su madre sonaba preocupada? Ella rara vez se alteraba.
— Este es tu hijo. Ha crecido bastante — comentó el hombre con una sonrisa que no transmitía calidez, sino algo más que Seungmin a su corta edad, no supo identificar.
El niño miró a su padre sin decir nada, con una postura rígida, demasiado seria para alguien tan pequeño. Seungmin bajó la vista y notó lo que tenía sobre la mesa, un plato con las preciadas galletas de chocolate que él y su madre habían horneado la tarde anterior. Pero el niño solo las observaba con indiferencia, como si no fueran nada especial.
Un sentimiento extraño recorrió a Seungmin. ¿Cómo podía alguien ignorar unas galletas tan deliciosas?
— Si no te las vas a comer, dámelas — soltó Seungmin, cruzando los brazos.
— ¡Seungmin! — exclamó su madre con evidente angustia — ¡Discúlpate con Minho!
Seungmin frunció los labios, sin entender por qué debía disculparse.
— Solo le estoy diciendo que si no las quiere, que me las dé.
Lia suspiró y miró al hombre en el sofá con incomodidad.
— Discúlpenlo… — murmuró.
Seungmin sintió entonces la mirada del niño sobre él. Sus ojos eran intensos, vacíos de emoción.