El Penthouse es uno de los lugares más ricos de Corea, un edificio de 100 pisos con una de las mejores reputaciones. Pero todo cambia cuando aparece Min Seol- Ah, una joven huérfana que buscaba una mejor vida, pero todo termina de una trágica manera...
Escucho los jadeos de todos los presentes, veo como el maestro rápidamente se dirige a los camerinos y apaga la pantalla. Yo solo me quedo mirando a Suho quien sale del camerino.
— Angel... yo...
— ¡Cállate! — le grito — ¡¿Que es lo que te pasa?! ¡¿No fue suficiente con la apuesta de ilusionarme?! ¡¿También tenías que hacer esto?! ¡Te odio!
Salí corriendo de allí ignorando los gritos de Suho, estoy avergonzada, de todas las cosas malas que me han pasado esta es la peor. Cuando estaba a punto de llegar a la salidas alguien mete su pie para que me caiga, lastimo mis rodillas, mis manos y mi pecho pues una de las perlas me ha lastimado.
Miro hacía arriba y me encuentro con un grupo de chicos que sonríen de manera maliciosa.
— ¡No lo puedo creer! ¡Quien viera tu imagen tan inocente!
— ¡¿Por eso eras amiga de Seol Ah?! !¿ella en el bar y tu de nudista?! !¿cuanto cobras?!
— ¡Déjenme en paz! — pedí entre lagrimas.
— ¡Chicos! ¡Hagamos una fiesta!
De pronto harina cae en mis ojos, al igual que huevo y confeti. Mi único deseo en ese momento es morir.
— ¡Angel!
Escucho la voz de mis amigas, volteo hacía atrás y veo como estas corren hacía el grupo con traperos y escobas. Una vez que los distraen yo me levanto del suelo y sigo corriendo, salgo de la secundaria oyendo a lo lejos los gritos de Suho.
Corro demasiado rápido, mi vestido se rasga y pierdo el cinturón, pero nada de eso me importa en este momento. Cuando empiezo a sentirme cansada dejo de correr, miro hacía el frente y reconozco la espalda de la persona frente a mi.
– James... – dije su nombre en un susurro débil.
El se la vuelta y al ver mi estado se acerca preocupado.
— ¿Angel? ¿Que paso? ¿Porque estas así? — preguntó tomando mi rostro entre sus manos.
Yo no respondí nada, solo rodee su torso con mis brazos abrazandolo, buscando algo de calidez y protección. El corresponde mi abrazo sin importar que lo ensucie de harina y huevo, nos quedamos un momento así hasta que escucho los gritos de Suho nuevamente.
— ¡Angel!
Volteo hacía atrás y lo veo venir directo a mi.
— Sácame de aquí – le pido a James y el asiente.
— Muchachos, continúen con el trabajo por favor.
Los oficiales que están con el asienten, ambos entramos en la patrulla y el la enciende rápidamente mientras se aleja de ese lugar. El camino a casa se me hace demasiado lento, cubrí mi rostro y no hago otra cosa que llorar.
¿Como puedo ser tan miserable?
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