Stan 2/2

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Más largo que la biblia, pero les juro que vale la pena

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Stan me envió un mensaje unas semanas después de eso.

Me encontraba en el estudio, revelando algunas fotos en el cuarto oscuro, cuando escuché el sonido de mi teléfono debajo del mostrador de la entrada.

Terminé con lo que estaba haciendo sin ningún apuro, no solía estar muy atenta a mi teléfono y me gustaba mi trabajo lo suficiente como para querer priorizarlo sobre un mensaje. Pasaron un par de minutos hasta que volví a la recepción y desbloqueé el teléfono, después de asegurarme que no había ningún cliente al que atender.

No puedo negar que me sorprendió, habían pasado tantos días desde nuestra reunión que tomé el silencio como una señal de que no había salido bien. Tampoco me había atrevido a escribirle, así que simplemente lo había ido olvidando con el paso de las semanas.

El mensaje consistía en una sola frase: ¿te gusta cantar?

Me reí al leerlo, y me tomé por sorpresa a mí misma. Levanté la cabeza y miré a mi alrededor, al desierto estudio fotográfico, sintiéndome repentinamente avergonzada por reír en voz alta a pesar de que no hubiera nadie para escucharme.

Volví a mirar al teléfono y moví mis dedos sobre el teclado, pensando que decir. Finalmente tecleé: ¿cuenta si lo hago en la ducha?

La campanilla de la puerta tintineo con la llegada de un cliente, y tuve que dejar mi teléfono bajo el mostrador una vez más. Pasaron un par de horas hasta que mi turno acabó y pude volver a estar atenta a los mensajes, y para entonces Stan ya me había respondido.

Tomé mi abrigo y salí de la tienda, cerrando con llave detrás mío, y desbloqueé el teléfono mientras caminaba por la calle hasta mi casa, dispuesta a disfrutar de la noche de mi viernes con mi laptop y palomitas de maíz.

¿qué estás haciendo ahora?

Arqueé una ceja.

nada, ¿por qué?

Pero Stan no contestó.

Llegué a mi casa y dejé mis cosas en el sofá, exhausta. Me gustaba trabajar en el estudio, pero atender clientes groseros y revelar fotos que no me interesaban no era exactamente la imagen de mi vida ideal.

Me dirigí a la cocina y abrí la heladera, viendo que podía hacer para cenar inventando algo con los escasos ingredientes que tenía. Tomé nota mental de que debía pasar por el mercado ese fin de semana.

Mi teléfono vibró en el sofá, y me gustaría decir que cerré la heladera con calma y no me abalancé a buscarlo, pero mentiría. Acostada en el sofá, mis cejas se alzaron con sorpresa al leer el mensaje.

¿aceptarías un plan de último momento conmigo?

Sonreí para mí misma, pero no me dio tiempo de contestar antes de enviar otro detrás de ese.

te enviaré la dirección, y dinero para el taxi. Te espero a las 9 ;)

Instintivamente alcé la mirada para mirar el reloj del teléfono, tenía una hora y media para prepararme. Me mordí el labio, pensativa. No estaba segura de que tan buena idea era verlo otra vez, es decir, casi había cometido el error fatal de invitarlo a dormir la última vez, no quería volver a confundir las cosas.

Pero verlo era como un soplo de aire fresco. Había algo en sus ojos y su sonrisa tan familiares, la forma en que se encorvaba para reírse y su forma de caminar siempre con la barbilla alzada y las manos en los bolsillos.

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⏰ Última actualización: Jan 11, 2025 ⏰

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