Juliette Grimshaw, es una estudiante de medicina, cuya rutina suele complicarse luego de un incendio que casi le cuesta la vida. Las cosas se vieron difíciles luego de la pérdida de su familia y por ello busca trabajar como stripper en un Crucero de...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
IMPORTANTE: Para la siguiente actualización se necesitan:
200 votos. 300 comentarios.
______________________________________
El aire en la clínica se siente denso, cargado de una tensión que casi puedo tocar. Veo a Matthew, su rostro continúa rojo de ira, y a Thomas, mi suegro, alejándose con pasos pesados. Mi corazón se acelera, y sin pensarlo dos veces, corro tras él.
—¡Espere!
El hombre se detiene, pero no se gira. Avanzo con pasos apresurados, sintiendo la mirada del doctor clavada en mi espalda. Sé que esto lo enfurecerá, pero no puedo evitarlo. He visto el dolor en los ojos de Thomas cuando estuvo a punto de perder a Matthew. Y algo me dice que no es del todo malo, solo está herido.
No puedo dejarlo irse así.
—Por favor, no se vaya —le pido, bajando el tono ahora que estoy cerca de él—. Necesitamos hablar.
Thomas Harrison finalmente se gira; su rostro refleja un montón de emociones contenidas. Veo el cansancio en sus ojos ojerosos, junto con la enorme tristeza y dolor que intenta ocultar.
—¿Qué quieres? —pregunta en un tono áspero.
—Él solo está muy enojado —explico, tratando de mantener la calma—. Por eso dijo lo que dijo, pero sé que no es cierto lo de su madre.
El hombre me mira, sorprendido por mis palabras. Puedo ver que está luchando con sus propios demonios, con el orgullo y el dolor que lo han mantenido alejado de su hijo.
—Sé que no me corresponde, pero... —tomo una profunda respiración, buscando las palabras adecuadas—. Salvaste a Matthew cuando más lo necesitaba... Y en el fondo sé que te importa; es tu hijo.
El señor me analiza sin expresar emociones; su rostro continúa siendo una máscara impenetrable.
—Pero también sé que has sido duro con él y conmigo —continúo, tratando de sonar firme—. Tal vez siga sin aprobar nuestra relación; puede que todavía piense que soy una cualquiera, una niña ingenua y todas esas horribles cosas que dijo.
Me detengo un momento para observarlo, buscando alguna señal de humanidad en sus ojos. Y a lo lejos puedo ver un destello de culpa cuando le recuerdo aquellas palabras crueles que me dirigió semanas atrás.
—Usted no me conoce, y yo tampoco lo conozco a usted —respiro hondo—. Pero sé que él lo necesita; es su padre, y quizás hay una oportunidad para que puedan arreglar las cosas.
El silencio se extiende entre nosotros, pesado y cargado de incertidumbre, hasta que finalmente Thomas suspira, relajando los hombros.
—Ya es tarde para eso —responde con sequedad—. Mi hijo me odia ahora, y creo que tiene razones suficientes para hacerlo.