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Matthew:

Mientras subo hacia el nuevo consultorio, me encuentro con la señora Nancy, una de las encargadas del servicio de limpieza de la clínica. Es una mujer mayor, incluso más que mi tía Caroline. Su cabello está cubierto de canas, pero luce capacitada gracias a sus años de experiencia, aunque parece un poco obsesiva con la limpieza. Me saluda con entusiasmo, informándome que dejó todo en orden.

—No era necesario, ya estaba limpio —le corrijo.

—Solo acomodé unas cosas —responde, dándome una sonrisa que enmarca algunas arrugas de su rostro—. Si necesita algo más, no dude en pedírmelo.

—Gracias, pero la próxima no entre al consultorio en horario laboral —le recuerdo—. Entiendo que es su trabajo, pero necesito ese espacio para atender a varias pacientes.

—No se preocupe, doctor —se disculpa, acomodando su uniforme—. No volverá a suceder.

Le devuelvo la leve sonrisa, consciente de su tendencia a ser maniática con el orden y la limpieza. Sin embargo, es importante que aprenda a respetar los horarios laborales para evitar que se haga costumbre entrar sin previo aviso, más si es mi espacio. La señora Nancy me ofrece un café, pero lo rechazo. Luego cruzo la puerta y observo que, aunque no era necesario, hizo un buen trabajo; todo luce pulcro y ordenado. Me tomo un momento para sonreír, pues hace tantos años deseaba tener un espacio completamente mío, y ahora que lo tengo, parece difícil de creer.

El escritorio está bien ordenado, con los documentos necesarios para las consultas, lapiceros y algunas decoraciones relacionadas con la medicina. El ambiente es agradable, las paredes blancas están adornadas con anuncios informativos sobre preservativos, enfermedades venéreas, embarazo y todo tipo de temas relacionados con la salud de la mujer y su aparato reproductivo.

Me tomo un momento para organizar mis cosas y colocar una fotografía enmarcada de Juliette, nuestro dálmata y yo. Los rizos de su cabello se ven tan hermosos como siempre mientras me da un beso. A menudo, algunas pacientes se ponen demasiado coquetas para mi gusto, así que prefiero tener la imagen a la vista para que sepan que mi corazón ya tiene dueña y no estoy disponible para nadie que no sea mi ricitos.

Pasar la noche juntos después de esos días tensos fue un alivio. Me sentí un idiota por haberle alzado la voz de ese modo, especialmente cuando no lo merecía. Al analizar la situación, comprendí que solo desea lo mejor para mí. El tema con mi padre es algo que me saca de quicio; no quiero que siga haciéndole daño, ni que se aproveche de su bondad. Acepté hablar con él únicamente para demostrarle a Juliette que Thomas nunca va a cambiar y que necesita abrir los ojos. Ella debe entender que no tiene por qué sentir lástima de una persona tan desesperante.

INCENDIO (LIBRO #1 SERIE ECLIPSE) Donde viven las historias. Descúbrelo ahora