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El llanto de Theo se hace cada vez más insistente, interrumpiendo la noche y haciendo que mi rostro se tuerza en una mueca por las pocas horas de sueño.
—Voy, yo —menciona Matthew, asumiendo la responsabilidad.
Apenas me levanto para sentarme en la cama, observando cada uno de sus movimientos. El doctorcito parece ser experto atendiendo bebés, porque lo arrulla contra su pecho y Theo suaviza un poco su llanto. Volteo mi rostro hasta dar con el reloj que adorna la mesita de noche; son las 4 de la mañana y llevamos varios días en esta rutina, pero por suerte cuento con el apoyo del hombre más atento que pude haber conseguido en mi vida.
Me restriego los ojos cansados y un bostezo escapa de mí.
—Matthew, tráelo, quiero intentarlo —menciono, porque él sabe bien a lo que me refiero.
Los últimos días me he tenido que ayudar de un sacaleches para poder alimentarlo, debido a que mi cuerpo seguía estando indispuesto. Sin embargo, el doctorcito me explicó que eso es normal en algunas primerizas y que todo el estrés que había sufrido ese día pudo haberme afectado la lactancia.
Él parece a punto de protestar, pero mi mirada es suficiente para hacerle cambiar de opinión y acercarse con el bebé.
—No te vayas a frustrar si no sale, ricitos —me advierte, acomodando a Theo con cuidado sobre una almohada que deja apoyada bajo mi pecho.
—Lo sé. —Me acomodo para poder sostenerlo correctamente.
Su cabello es tan suave, con una capa de pelo muy fina y dorada, mientras esos ojitos se han ido aclarando a medida que pasan los días, mostrando un tono azulado. Pronto siento que su boquita desesperada se prende de mi pecho, porque comienza a tirar del pezón como si fuera un cachorro hambriento.
Al principio, se frustra; parece que va a llorar porque insiste mucho y la leche sigue sin salir. Incluso siento la humedad que empieza a brotar de mis ojos, pero trato de contenerla para no romper mi trato con Matthew, porque prometí no afectarme.
El castaño acerca su mano, volviendo a colocar la boca de mi hijo sobre mi pecho, haciendo que este me muerda un poco y continúe succionando con desespero por no obtener nada.
Y entonces sucede algo que ninguno se esperaba: un chorro de leche sale disparado de mi pecho y apunta justo sobre el rostro de mi hijo. La visión de su carita cubierta de blanco y la boca abierta en un grito silencioso de sorpresa me hace soltar una carcajada que disipa toda la frustración anterior.
—¡Matthew, mira! ¡Me sale leche! —digo entre risas, sintiendo una alegría inesperada.
El alivio es tan grande que las lágrimas que contuve antes ahora quieren salir de emoción.
Mi prometido, que ha estado observando todo con el ceño fruncido y tenso, se relaja al escuchar mi risa y se inclina, sonriendo ampliamente. Su barba roza mi hombro cuando observa a nuestro pequeño intruso.
—Oh, vaya, parece que destapó la fuente —me contesta con ternura. Theo se ha quedado estático por la sorpresa, con sus pequeños ojos azules mirando fijamente hacia arriba, como si estuviera analizando la situación.
Me inclino hacia Matthew para que vea de cerca el desastre. Mi hijo está empapado y tiene un bigote de leche bastante gracioso.
—Hay que limpiarle antes de que se enoje por el baño inesperado —le comento, intentando limpiar un poco la zona con el dorso de mi mano libre, pero solo logro esparcir la leche.
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INCENDIO (LIBRO #1 SERIE ECLIPSE)
RomanceJuliette Grimshaw, es una estudiante de medicina, cuya rutina suele complicarse luego de un incendio que casi le cuesta la vida. Las cosas se vieron difíciles luego de la pérdida de su familia y por ello busca trabajar como stripper en un Crucero de...
