Juliette Grimshaw, es una estudiante de medicina, cuya rutina suele complicarse luego de un incendio que casi le cuesta la vida. Las cosas se vieron difíciles luego de la pérdida de su familia y por ello busca trabajar como stripper en un Crucero de...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
NOTA:Para desbloquear el siguiente capítulo, se necesitan 250 votos y 300 comentarios mínimo.
______________________________________
Resultó hilarante cruzar la puerta de la habitación por la mañana y encontrar al doctor Harrison descansando en el sofá con Sparky. Me detuve unos segundos para observar la escena con más detalle: Matthew parecía profundamente dormido, con el dálmata roncando a su lado y abrazándolo como si se tratara de mí. No pude evitar que una sonrisa breve escapara de mis labios.
Dormir sin el calor de su cuerpo se sintió extraño y, para ser sincera, no fue la mejor de mis noches. Me sentí mal después de todo lo que ocurrió entre nosotros y derramé unas cuantas lágrimas bajo la almohada. Pero decidí no contarle nada de eso.
Ahora, debo ir a la universidad.
Aún estoy furiosa con él, por eso le escribí a mi mejor amiga, quien acordó en pasar a buscarme. Todavía es temprano, así que acomodo los rizos de mi cabello frente al espejo del baño, y me encuentro tan concentrada que no esperaba escuchar un quejido masculino seguido de una maldición proveniente de la sala.
De inmediato apresuro el paso hasta ver de nuevo a Harrison, solo que ahora está despierto y sentado. La manta que lo cubre se encuentra manchada con un rastro de sangre rojiza que se desliza hasta su muslo. Parece que la herida de bala se ha reabierto, o tal vez solo sea culpa de una mala postura. Un nudo se forma en mi estómago al verlo así.
Al levantar su mirada, los ojos azules me atraviesan, como si intentara leer cada reacción de mi cuerpo. Él trata de cubrir la mancha con la cobija, simulando que todo está bien, pero ya es demasiado tarde para eso.
Se me encoge el corazón al notar el dolor que lo embarga. Y aunque sigo molesta, no puedo dejarlo en este estado. Sin pensarlo dos veces, regreso al baño en busca de la cajita de primeros auxilios y, poco después, estoy a su lado en la sala. Tomo asiento en el piso, frente a él, y su mirada se clava en mí con intensidad.
—A ver —pedí, señalando el líquido rojizo que intentaba ocultar.
—La venda se movió un poco, pero estoy bien.
—Matthew... —supliqué—, no seas testarudo, déjame revisarte —añadí—; por favor.
Finalmente, accedió a retirarse la tela, permitiéndome observar su herida abierta. Humedecí mis manos con alcohol antiséptico para eliminar cualquier bacteria que pudiera causar una infección. Luego, retiré el vendaje con cuidado, depositándolo en un recipiente y limpiando la sangre con un pañuelo limpio. Él respiraba suavemente mientras yo aplicaba un poco de agua oxigenada sobre la costura, asegurándome de que no se inflamara. Momentos después, extendí una pomada especial que el médico nos recomendó y, por último, cubrí la herida con un vendaje nuevo, procurando que quedara bien ajustado para evitar que se lastimara o que la piel se abriera otra vez.