55.

1.6K 221 418
                                        

Próxima meta: 400 comentarios antes del fin de semana para actualizar la siguiente parte (nada de spam o me veré en obligación de bloquearles)

______________________________________

No sé cuántas horas han pasado desde que entré en labor de parto, pero voy a morir en cualquier instante.

Puedo ver el sol que se refleja por la ventana, anunciando el amanecer y haciéndome sentir inútil, porque pasé toda la madrugada sin poder expulsar a mi bebé. El doctor Harrison se mantiene a mi lado, sosteniendo mi mano con firmeza y dándome la fuerza que necesito para poder soportar este sufrimiento.

—Respira, con calma —me alienta la doctora, dando breves masajes en mi zona pélvica—, estás llegando a nueve, solo un poquito más, cariño.

Nueve. Todavía me parece una burla. He pasado la madrugada entera en este infierno, luchando contra un dolor que me consume, solo para estar en un estúpido número. Ni siquiera puedo pujar hasta que se llegue al diez, porque hacerlo antes podría provocar lesiones tanto a mí, como para el bebé.

—¡No puedo más! —grito, y las lágrimas se deslizan por mi rostro. Matthew se encarga de limpiarlas con ternura, pero su toque solo aviva mi frustración.

—Vamos, ricitos, un poco más. Eres fuerte —susurra, inclinándose para darme un beso rápido en la frente.

Mis uñas se clavan en su carne, haciendo que una mueca se muestre en su rostro; sin embargo, no protesta, ya que mi dolor no tiene comparación con el suyo.

—¡Ya veo su cabeza! —expresa la mujer, con emoción—. Diez centímetros —la noticia me hizo suspirar con nerviosismo—. Ya estás lista, necesito que te relajes y que empieces a pujar en cuanto te dé señal de hacerlo.

Siento las gotas de sudor que me caen por la frente y tengo miedo de que me llegue a atascar; solo recuerdo haber leído acerca de estos temas en la universidad y quizá la teoría me sirva para completar esta misión con éxito. La médico me da la señal y parece que mi doctorcito se le acerca para poder observar y garantizar que todo se encuentre predispuesto de forma correcta.

Empiezo a pujar con toda la fuerza que me queda, controlando mi respiración y aferrándome al brazo de Matthew cuando regresa.

—Lo estás haciendo muy bien, amor —susurra él, aun vestido con aquel traje de hospital.

—Vamos, ¡otra vez! —me exige la doctora, enfocada en lo suyo.

Creo que tengo las piernas entumecidas debido al tiempo que llevo en esta posición, así que vuelvo a pujar y siento que mi pequeño intruso finalmente empieza a salir. Grito un par de veces cuando el dolor me desgarra, y luego todo se inunda de una sensación extraña: el alivio inmediato y un escozor profundo, dando señal de que pude dar a luz a mi bebé.

—Ya está, ya está, ricitos... lo hiciste muy bien —murmura el doctorcito, con breve emoción.

La doctora levanta al bebé y lo pone inmediatamente sobre mi pecho, piel con piel. Estoy exhausta, temblando, pero de pronto, el mundo se detiene.

No llora.

No hay llanto desgarrador, solo un sonido suave, un quejido diminuto, como un gatito. Lo cual me alarma de inmediato y pone a temblar un poco mis manos.

—¿Por qué no llora? —la angustia se refleja en mi voz— ¡Matthew!

Él parece asustado, pero lo disimula para no preocuparme más de lo que ya estoy. Luego toma al bebé con el cuidado de todos sus conocimientos médicos y lo lleva a su pecho, recibiendo una pequeña manta que le extiende la doctora.

INCENDIO (LIBRO #1 SERIE ECLIPSE) Donde viven las historias. Descúbrelo ahora