Cada día que pasaba era una cuenta regresiva, un recordatorio constante de que pronto tendría que dar a luz. Mi doctorcito estaba más ansioso que nunca; incluso había reservado la mejor atención médica en nuestra clínica privada para cuando se presentara el momento.
Yo también estaba nerviosa, y no voy a negar que tengo miedo aún. Sé que todavía pueden surgir complicaciones, como el riesgo de aborto espontáneo y problemas prenatales... y ese insistente miedo al parto que muchas mujeres atravesamos, ese que no se quita ni con toda la preparación del mundo.
Lo bueno es que hay un rayito de esperanza en mi ser que me recuerda lo fuerte que ha sido mi pequeño intruso al sobrevivir aquel ataque. Y eso me da la valentía que necesito para poder enfrentar todas esas adversidades, hasta poder cumplir mi meta de traerlo al mundo. Porque mi bebé merece estar totalmente sano y salvo en los brazos de su mami.
—Te amo, cachorro —murmura Matthew, dejando besos suaves en mi panza hinchada.
—¡Doctorcito! ¡Ya! —lo reprendo—. Llevas media hora dándole besitos... Mejor termina de aplicarme el bloqueador de una vez por todas.
Él rezonga, deslizando la mano por última vez encima de mi vientre abultado.
—Soy un padre maltratado —se queja, siendo melodramático—. Sé que eres mala, ricitos, pero esto ya es demasiado.
—¿Qué se supone que hice? —me hago la ofendida.
—Prohibirme el contacto con mi hijo —me mira con enojo fingido—, decir que ya no le dé cariño.
—Parece que el embarazo te está afectando más a ti —me burlo—... Además, yo no dije eso, pero llevo varios minutos de espera, y tú nada que terminas.
El castaño no responde, solo se inclina para cargarme en sus brazos con cuidado, como si fuéramos una pareja de recién casados. Luego baja las escaleras que conducen al interior de la piscina, sumergiéndose conmigo, sin soltar el agarre de sus brazos.
Me había propuesto que fuéramos a la playa para pasar nuestras vacaciones allí, pero me negué porque queda muy lejos; además, prefiero estar con él aquí en nuestro hogar, que podría ser perfectamente nuestro resort privado. El doctor Harrison acerca su boca a la mía para besarme durante unos segundos y luego me deposita con cuidado, manteniendo el agarre alrededor de mi cuerpo. El agua llega a la altura del cuello; bueno, a mí me llega a esa altura, porque a él apenas le cubre el pecho.
El atardecer cae sobre nosotros, haciendo del ambiente un lugar mucho más romántico e íntimo.
—Sé que quizás es muy pronto... y estoy siendo apresurado por querer atarte de todas las maneras posibles —murmura, con sus labios encima de mi cuello—, pero no puede pasar un día sin que no piense lo mucho que deseo esto.
Los latidos se me disparan sin que pueda controlarlos y pronto veo que empieza a pronunciar el nombre de Sparky, haciendo que el perro dálmata llegue hacia nosotros con una pequeña cajita en la boca, haciéndome sentir más nerviosa, porque sé que esta vez no se trata de ninguna revelación de género.
Él deja el obsequio en la orilla de la piscina y luego me carga para dejarme sentada en el borde, como si estuviera demostrando que quiere estar a menor altura.
—Amor... Yo...
—Shh...
Matthew toma mi mano con firmeza y se inclina para besarla, como si siguiera un gesto de la realeza. No levanta la cabeza, pero sus ojos azules me miran con una intensidad que me deja sin palabras. Entonces dice:
—Yo, Matthew Harrison, te elijo hoy a ti, Juliette Grimshaw —me analiza—, como mi futura esposa.
Abre la caja con cuidado y me muestra el anillo brillante.
ESTÁS LEYENDO
INCENDIO (LIBRO #1 SERIE ECLIPSE)
RomanceJuliette Grimshaw, es una estudiante de medicina, cuya rutina suele complicarse luego de un incendio que casi le cuesta la vida. Las cosas se vieron difíciles luego de la pérdida de su familia y por ello busca trabajar como stripper en un Crucero de...
