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Mis ojos no dejan de recorrer la pequeña ecografía que Ivanna me entregó antes de salir del hospital. Parece que retiraron el DIU mientras estaba inconsciente, y también me informaron lo sucedido. Tuve que sostenerme de Milena para no entrar en crisis nuevamente. Según la investigación médica, el anticonceptivo se movió de su sitio, lo cual es raro pero posible. Algunas causas pueden ser golpes fuertes, mala colocación del aparato o relaciones sexuales demasiado "salvajes". La doctora explicó que no hubo imprudencia del ginecólogo, porque en ese caso habría quedado embarazada desde el principio. Piensa que el DIU se removió durante un acto sexual, y que mi pareja es la culpable por tener espermatozoides que lograron su objetivo en mis días más fértiles. Tuve que ahorrarme explicaciones de que el ginecólogo y mi pareja eran la misma persona, porque sería demasiado vergonzoso.

Mi mente sigue sin asimilar todo esto, me parece una pesadilla, pero la imagen frente a mis ojos es la clara evidencia de que no es ningún sueño.

Estoy embarazada.

Hay un pequeño ser creciendo en mi cuerpo. Y lo peor: desde hace ocho semanas.

No sé cómo no me di cuenta antes. Mi período solía atrasarse desde que empecé a usar el dispositivo intrauterino, es normal no tenerlo y quizás eso me confundió. Ahora empiezo a recordar cada pequeño malestar que experimenté hace pocas semanas, y me siento culpable de no haberlo notado. Todo empieza a encajar en mi mente: la sensibilidad en los pechos, el cambio de ánimo, los mareos y el antojo de papas. De alguna forma, esa cosita siempre quiso darse a conocer, pero estuve demasiado distraída. Incluso me avergoncé de admitir mi ineficiencia delante de mi amiga y la enfermera.

Ahora estoy sentada en una estación de autobús junto a Milena, quien ofreció acompañarme hasta mi casa.

Sigo en negación y con mucho miedo, y no he parado de repetir que no le diga esto a nadie. Ella trata de convencerme de que guardar silencio no es la mejor opción, porque de alguna forma el "bebé" se hará notar en algunos meses más. Sin embargo, la obligo a prometer que no mencione nada de esto todavía, y de algún modo termino por convencerla. Otro breve mareo empieza a invadir mi cuerpo, pero no estoy segura si es por culpa del intruso o de mi negación con respecto a todo lo que sucedió en este día tan caótico. De inmediato saco las pastillas para cólicos que me dio Ivanna. La española me entrega su botella de agua y no tardo en ingerir el medicamento, tratando de calmarme para no volver a experimentar otro horrible escenario como lo fue vomitar en público.

INCENDIO (LIBRO #1 SERIE ECLIPSE) Donde viven las historias. Descúbrelo ahora