Portia iba de un lado a otro por la residencia, estaba preparándolo todo para la reunión. Su señora había convocado aquel encuentro durante el desayuno y necesitaba que todo estuviera listo para la tarde, así que tenía prisa.
—Señora Portia—Olga detuvo su paso—tiene visita.
—¿Visita? ¿De quién?
—John Gardner.
—¿Qué hace ese hombre aquí?—la ama de llaves frunció el ceño—Dile que se marché, él no debería estar aquí.
Los primos Gardner habían sido enviados a la residencia Rutland junto con Osmán y allí debían permanecer. El único contacto permitido era mediante cartas.
—Ya se lo dije, pero dice que es urgente y que si no lo recibe hablara con nuestra jefa personalmente.
La mujer apretó los labios molesta.
—¡Tonterías! Nuestra señora no tiene tiempo para estas cosas—negó—Hazlo pasar a mi despacho.
—Enseguida—la doncella salió corriendo a cumplir con su cometido mientras Portia terminaba de preparar todo antes de regresar a su despacho. Tendría una conversación muy seria con el joven sobre las reglas de esa casa. No podía irrumpir de esa manera y menos sin previo aviso.
—Mi señora estoy aquí...—se escuchó su voz a las afueras.
—Adelante.
La puerta se abrió y lo vió ingresar con la cabeza gacha y las manos entrelazadas contra su abdomen. Estaba rígido como una vara.
—Habla ya que no tengo todo el día—le dijo mientras tomaba asiento.
—Primero quiero extenderle mis condolencias por la muerte de mi señor Raphael.
—Aprecio el gesto, ahora dime...¿Qué pasó en Rutland House para que decidieras venir hasta aquí? ¿Lady Lucinda está en problemas? ¿O es el duque quien...
—No, su excelencia está bien, es Lady Lucinda...
—¿Y ahora qué hizo esa niña?
—Ella no hizo nada, mi señora, pero al parecer ha despertado el interés del Consejo, los sirvientes del señor Dickens han estado vigilándola todo este tiempo.
La mujer tomó un profundo suspiro y se llevó ambas manos al rostro con cansancio.
—Esto es lo que me temía desde que esa mujer puso un pie en esta casa...¿Qué tan lejos han llegado?
—Ayer ingresaron a la residencia Rutland. Gracias a eso Osmán pudo verlos.
—¿Cómo entraron?—frunció el ceño.
—Tenemos la sospecha de que quizás tengan aliados al interior del servicio. No había rastro de pelea, ni de forcejeó en las entradas.
—¿Los capturaron?
—No, mi señora.
—¿Y porque todavía no lo han hecho?—lo miró molesta.
—Ese día los perdimos y por eso acudimos a usted en busca de consejo.
—Lo primero que harán será capturarlos.
—Pero eso no avivará más las sospechas del consejo sobre...
Portia alzó la mano para que se callara.
—Para exterminar una plaga no basta con cazar a una de sus ratas, querido. Necesitamos tenderles una trampa para dejar a sus aliados al descubierto, no basta con saber qué existen, debemos tener sus nombres y apellidos.
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Prohibido Amarte
Historical FictionSexto libro de la Saga Londres de Cabeza. ¿Podrán dos personas enseñadas a controlarlo todo dejar de lado sus propias reglas para luchar por amor? Elise Volsano y Damien Bleiston han trabajado más de una década desde 1826 ideando un plan para vengar...
