Lauren había conseguido colarse a la diversión de Wright y sus acompañantes gracias a sus contactos. En el mundo de las cortesanas no solo bastaba la belleza para atraer la atención de un hombre y ella lo sabía muy bien.
Por eso a diferencia de las otras incautas que la acompañaban su presencia en esa residencia había sido planeada cuidadosamente desde hace una semana.
Sonrió al ver que Wright no dejaba de mirarla. Desde que ella puso un pie en aquel bar de mala muerte donde se encontraron no había podido apartarle la vista de encima.
—¿Se lo están pasando bien?—les preguntó preso de su propia algarabía.
—Por supuesto.—respondió ella con voz suave mientras continuaba repartiendo la comida entre los presentes. Había tomado esa iniciativa para poder colocar en el vaso de uno de ellos un poco de un preparado de su propia cosecha. Era un líquido inofensivo y transparente que al cabo de unos minutos provocaba náuseas. No mataría al sirviente, pero le haría retorcerse de dolor y vomitar hasta su apellido.
—Gracias hermosa.—masculló Philip, mientras tomaba la copa que le extendía.
—No hay nada que agradecer, mi señor. Espero que lo disfrute.
—Todo lo que me brindes será disfrutable.
Ya veremos, pensó.
Las otras cortesanas también habían tomado su propia bandeja y pululaban de un lado a otro por el salón. Cuando las mujeres provenían de un mismo burdel era normal que tuvieran un espectáculo preparado para sus clientes, pero por sus ropas tan dispares suponía que fueron escogidas al azar. Ninguna compartía su “seña” con otra.
La seña era una prenda o joya característica que toda cortesana llevaba para indicar su origen y estatus dentro de un burdel. Podría ser un broche, un anillo, un pañuelo e incluso una horquilla para el cabello.
Los hombres apenas lo notaban, pero entre las cortesanas ese era su lenguaje secreto.
—Aquí tiene mi señor.—Lauren le extendió una bandeja con jamón y queso a Wright, quien aceptó gustoso mientras a sus sirvientes les servía más vino.
Acaparar la atención de los hombres era algo para lo que había sido entrenada desde que era una niña y era muy buena en su trabajo.
—Bailen, bailen.—exigió Philip y dos de las mujeres empezaron a improvisar una coreografía en un vano intento por recuperar algo de protagonismo.
—Falta música.—gruñó molesto Wright mirando de reojo a su esclava. La negra como era su costumbre se mantenía en el marco de la puerta esperando sus instrucciones.—Toca algo para nosotros.—le exigió Joseph señalando el pianoforte ubicado en la esquina de la habitación.
—Pero señor yo no sé...
—¡He dicho que toques!—alzó la voz.—Y más te vale que me guste o ya verás.
Sus sirvientes se echaron a reír.
—¡Toca negra, toca!—la animaron.
Lauren apretó los dientes y tomó un poco de aire. Ese hombre era más repugnante de lo que parecía.
—Si me lo permiten mis señores, yo puedo hacerlo en su lugar.—sugirió y todos los hombres la regresaron a ver curiosos.
—¿Sabes tocar?
Wright no cabía en su sorpresa.
—Hay muchas cosas que sé hacer, mi señor.—Lauren le regaló una sonrisa inocente mientras se relamía los labios.
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Prohibido Amarte
Fiksi SejarahSexto libro de la Saga Londres de Cabeza. ¿Podrán dos personas enseñadas a controlarlo todo dejar de lado sus propias reglas para luchar por amor? Elise Volsano y Damien Bleiston han trabajado más de una década desde 1826 ideando un plan para vengar...
