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Beatrice bordaba una flor mientras miraba a su hija y a su suegra dar vueltas por el salón. La pequeña no se despegaba de los brazos de su abuela y a Lady Crisol no le importaba cargarla por horas si era necesario. Casi siempre eran la dupla perfecta, pero hoy no. Hoy lucía algo imperfecta.

El elegante vestido de la condesa viuda contrastaba con el sencillo atuendo de su hija. No planeaban salir a ningún lado por lo que no entendía porque su suegra se había arreglado tanto al menos que...

—¿Tendremos visita?

La mujer mayor detuvo su andar y la regreso a ver.

—Un amigo vendrá al té de la tarde—masculló sin entrar en detalles y Beatrice, que nunca había sido buena para hablar y menos para interrogar, se limitó a asentir y así pasaron las horas hasta que unos minutos antes de la hora del té se presentó uno de sus sirvientes con la noticia de que tenían una visita, pero cuando mencionó el nombre de su “invitado”, la sonrisa de Lady Crisol murió en su rostro.

—¿Le hago pasar, Milady?—insistió el mayordomo al ver que su señora no decía una sola palabra.

—Hazlo—pidió dejando a la pequeña devuelta en su cuna.

—¿Está todo bien?—preguntó Beatrice antes de que el hombre entrara, pero no obtuvo respuesta.

—Buenas tardes...cuñada, sobrina—con esas palabras se presentó sir Samuel Manners, el tío de su esposo. Un hombre pequeño con aspecto rechoncho y calvo que Beatrice apenas había visto un par de veces desde que se casó.

—Es un gusto verte—respondió Crisol mientras le señalaba el diván para que se sentará y ella hacía lo mismo—¿Qué te trae por aquí?

—Vine a ver cómo estaban.

—Como puedes ver estamos bien, gracias por su preocupación.

—¿Han sabido algo de mi querido sobrino? ¿Alguna noticia de su regreso?

—Aún nada, pero pronto recibiremos noticias, estoy segura de ello—aseveró la condesa viuda mientras su nuera la observaba en silencio. Beatrice había dejado su bordado a un lado y escuchaba atenta su conversación.

—Estoy seguro de eso, aún así en su ausencia me gustaría ser de utilidad.

—¿Utilidad? ¿A qué se refiere?

—Con las finanzas por ejemplo, los números no son asunto de mujeres y el administrador de vuestra casa ya está senil y cansado. Puede cometer errores.

—Nuestro administrador está bien. Es un hombre de confianza.

—No lo dudo, milady, pero una segunda opinión siempre es importante.

—No siempre Manners.—exclamó una voz masculina a sus espaldas haciendo que todos se girarán.

—Mi señor...—Crisol se puso de pie apenas vió a su verdadero invitado parado en el umbral de la puerta. Nicholas Lancaster se veía muy apuesto con su levita azul, pantalón beige y un pañuelo a juego.

—Lo siento, milady no era mi intención interrumpirlos—se acercó a ella y besó su mano. Una cortesía que ni siquiera su cuñado tuvo.—Lady Beatrice...

—Sir Lancaster.—lo saludó la dama con una ligera inclinación de cabeza.

—Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos, Sir Nicholas.—habló Samuel buscando captar la atención del otro caballero.

—Es una agradable coincidencia—ironizó Lancaster mientras tomaba asiento.

—Lo es...¿Alguna razón en específico para su visita?

Prohibido AmarteHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora