||Omegaverse||
La familia Waybright está en quiebra, la única manera de salvarse es comprometer a su hija mayor con la mayor de la familia Wu-Leviathan.
-Acepta está rosa en señal de amor.
La alfa estaba completamente enamorada.
-Por ti solo siento...
El amanecer se filtraba por la ventana, tiñendo la habitación con tonos dorados. Marcy parpadeó lentamente, sintiendo el peso agradable de Sasha aferrándose a su camiseta. Su respiración era tranquila, pausada, y por primera vez en mucho tiempo, el alfa no sentía ansiedad al despertar.
Se permitió disfrutar del momento, sintiendo el suave aroma de la rubia mezclado con el suyo. Había algo reconfortante en la forma en la que Sasha dormía, ligeramente frunciendo el ceño como si incluso en sueños estuviera lista para pelear con alguien.
Marcy sonrió para sí mismo, deslizando una mano con cuidado para apartar un mechón de cabello que caía sobre el rostro de Sasha. No podía evitarlo, le gustaba mirarla.
Pero su tranquilidad no duró mucho.
El sonido de la puerta abriéndose de golpe rompió el pacífico silencio de la habitación.
— ¡Marcy, mamá dice que bajes a desayunar!— gritó Marky desde la puerta.
Marcy se quedó paralizado, sintiendo la presión de Sasha aún sobre él. Antes de poder responder, escuchó la voz adormilada de la rubia.
—Dile que estamos muertos… que no moleste… — murmuró con voz ronca, abrazándose más a Marcy.
El alfa sintió su rostro arder mientras su hermana soltaba una carcajada.
—Bueno, si están muertos, entonces supongo que me comeré sus panqueques.
—¡No, espera!— Marcy se enderezó de golpe, haciendo que Sasha soltara un gruñido de descontento antes de enterrar su rostro en la almohada.
Marky solo sonrió con burla antes de cerrar la puerta, dejándolos solos nuevamente.
Marcy suspiró, frotándose el rostro. Pero cuando miró de nuevo a Sasha, notó algo extraño en su expresión. Parecía perdida en sus pensamientos, como si su mente estuviera en otro lugar.
Sasha nunca había pensado demasiado en el matrimonio. Para ella, siempre había sido un concepto lejano, una formalidad sin importancia. Pero ahora, al despertar entre las mantas impregnadas con el aroma de Marcy, su mente traicionera la llevó a un pensamiento inesperado:
‘¿Y si no quiero que esto termine?’
Sacudió la cabeza con fuerza, como si eso pudiera borrar la idea de su mente. No, no podía pensar en eso. No todavía.
—Sashy, ¿estás bien?— preguntó Marcy, inclinándose un poco para ver su rostro.
Sasha parpadeó, volviendo a la realidad, y le dedicó una sonrisa.
—Sí, solo estoy despertando... ¿Vamos a desayunar?
—Solo si prometes no pelear con Marky por los panqueques.
—No prometo nada.
Ambos rieron antes de finalmente levantarse de la cama.
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