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—Marcy, deja de moverte. 

—¡Lo siento! ¡Solo... solo estoy nervioso! 

—Vamos, muchas personas lo han visto, ¿no? 

—¡Sí! Pero es... vergonzoso... ¡Y no lo han visto muchas personas! 

—Ok, ok—. Sasha dejó escapar una risa suave—. Empezaré. 

—¡Ah! ¡No toques! 

—¡Marcy, ni siquiera estoy tocando! 

—¡Pero se siente frío! 

—¡Es solo aire! 

—Ah... Ok, ok, solo hazlo rápido—. Murmuró el mayor, apretando los dientes. 

Pronto sintió algo frío y húmedo recorrer la piel sensible.

—Sasha... 

—Shh... Ya casi termino. 

Apretó los puños, hundiendo el rostro en la almohada. 

—¡Ah! ¡Duele! 

—Ya casi termino, cariño. No te muevas o podría hacerte daño. 

—¡Pero duele! 

—Ya, ya...—. Susurró Sasha con voz suave—. Está bien, ya pasó. Solo fue un pequeño piquete. 

—¡Sí, pero duele! 

—Oh, vamos, deja de quejarte y súbete el pantalón—. Se burló Sasha con una sonrisa traviesa—. Tienes un bonito trasero. 

—Sashy...—. Murmuró Marcy, sintiendo el calor subir a su rostro—. La próxima vez le diré a mi mamá que me inyecte...

—¡Oh, vamos! ¡Es adorable! 

—¡No lo es! 

—¡Sí, lo es! 

Marcy balbuceó con molestia, subiendo su pantalón con rapidez, pero no pudo evitar estremecerse cuando sintió las manos de Sasha recorrer su espalda con suavidad.

—Ya, lo siento—. Susurró Sasha, apoyando su cabeza en su espalda—. Solo me gusta molestarte.

—¿Entonces mi trasero no es lindo? 

—Oh, sí, lindo y redondito. 

Ambos rieron, disfrutando la ligereza del momento. Le había pedido ayuda a la rubia para que le aplicara su dosis de testosterona, claro, nunca imagino que a Sasha le gustará tanto su trasero que lo tuvo boca abajo por media hora, según ella, preparando la jeringa.

Marcy se giró en la cama, permitiendo que Sasha se recostara sobre él, con sus piernas a cada lado de su cintura. La rubia comenzó a dejar pequeños besos en sus mejillas, arrastrando los labios con ternura sobre su piel. 

—Te amo—. Murmuró. 

—Yo también te amo—. Respondió Marcy, envolviéndola con sus brazos. 

El ambiente en la habitación cambió. 

El aire se tornó más espeso, impregnado con el aroma entrelazado del Alfa y la Omega. La luz tenue de la lámpara proyectaba sombras suaves sobre las sábanas revueltas, delineando sus cuerpos con un resplandor cálido. 

Sasha estaba sobre Marcy, su proximidad era envolvente, como un imán que los mantenía unidos. Sus labios volvieron a encontrarse, esta vez sin prisa, sin urgencia, solo con la dulzura de quien quiere memorizar cada detalle del otro. 

Marcy deslizó sus manos con cautela por la espalda de Sasha, con movimientos pausados, sin apretar, sin exigir. Pero, conforme el beso se profundizaba, sus dedos se deslizaron instintivamente hacia su espalda baja... 

Y entonces, Sasha se tensó. 

Fue un cambio súbito, pero imposible de ignorar. 

Su respiración se quebró en un leve jadeo, sus labios se volvieron torpes y sus manos, antes enredadas en el cabello de Marcy, ahora se cerraban en puños temblorosos sobre el colchón. 

—¿Sashy? 

El miedo se deslizó por su rostro como una sombra, difuminando la calidez de sus ojos. 

Sasha se apartó de golpe, como si el contacto de Marcy le quemara la piel. El alfa parpadeó, desconcertado, incorporándose de inmediato. 

—¿Sashy? ¿Estás... bien?—. Murmuró con cautela, queriendo acercarse. 

Pero Sasha ya estaba de pie, recogiendo sus cosas con manos torpes, respirando agitadamente, como si intentara huir de un peligro invisible. 

—¡Sí!—. Su voz salió demasiado fuerte, demasiado rápida—. Yo... olvidé que tenía trabajo. Tengo que irme. 

—Pero, Sashy... 

—Nos vemos después, Mars. 

No hubo beso de despedida. No hubo un abrazo. 

Marcy se quedó sentado en la cama, observando en silencio cómo Sasha salía apresurada, dejando tras de sí el caos de la habitación y una sensación helada en su pecho. 

Se pasó una mano por el cabello, exhalando con frustración. 

Algo no estaba bien. 

Todo había ido perfecto. Habían estado bien. Entonces, ¿qué había salido mal? 

Recorrió mentalmente cada momento, cada toque, cada palabra... 

Y entonces lo entendió. 

Sus manos habían bajado a su cadera. 

Oh, mierda. 

Había arruinado el momento. Había sido demasiado impulsivo. Tal vez Sasha solo se sintió incómoda y no supo cómo alejarse de él. 

Pero… 

No era solo incomodidad. 

No, la forma en que Sasha reaccionó... el miedo en su rostro... la manera en que se alejó, como si el simple roce de sus manos la hubiera llevado a un recuerdo que no quería revivir. 

Marcy tragó en seco. 

Su pecho se apretó con una sensación amarga. 

No era solo un malentendido. 

Había algo más. Algo que no comprendía. 

Y era como un rompecabezas con una pieza faltante.

Y era como un rompecabezas con una pieza faltante

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Les dije que metería drama.

Contrato.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora