CAPÍTULO 9

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<<Si no eres el amor de mi vida,

diré que me equivoqué de vida,

pero no de amor>>.

William Shakespeare.

Violeta Hódar:

Las manos me sudan mientras sostengo el libro que llevo leyendo los últimos veinte minutos. Al contrario de lo que sucedía antes, es difícil prestar atención a las palabras cuando parecen mezclarse entre sí, convirtiéndose en un borrón imposible de descifrar. No importa la de veces que pueda leer la misma frase, mi mente rechaza cualquier capacidad de retención y se traslada a la imagen de la mujer que estará a punto de hacer sonar la campana de la librería.

Quizás el problema no sea tanto del libro como del hecho de tener que llevar a cabo la conversación más difícil que tendré en toda mi vida. Y no pasa nada, a veces tenemos que hacer frente a estas conversaciones, aunque no nos apetezca. Mucha gente opta por evitarlas, como si el problema fuera a desaparecer por arte de magia. Pero no funciona así. De hecho, posponer lo inevitable solo complica mucho más las cosas.

Hoy me he despertado con el pensamiento de que no hay que tener miedo a una conversación complicada, pero eso no excluye que esté asustada por las consecuencias de dicha conversación.

—Cuando se abre la puerta de la comunicación, todo es posible —releo por décima vez el párrafo—. De manera que debemos practicar el abrirnos a los demás para restablecer la comunicación con ellos.

Gruño, sintiendo que este tal Thich Nhat Hanh o como se diga, se podría haber ahorrado decir cosas que todo el mundo sabe, pero que pocas personas aplican en su día a día. Por suerte para Chiara y para mí, somos la excepción a la regla en lo que a hablar las cosas se refiere.

—Niña —gruñe Alfred, que está demasiado atento a cualquiera de mis movimientos desde que ha decidido aparecer de la nada—. Si continúas golpeando el suelo con el pie, voy a golpearte a ti con el bastón.

—¿Desde cuando te molesta todo lo que hago? —suspiro, cerrando el libro para prestar atención al hombre que parece conocer todos mis secretos.

—Desde que parece que te has tomado seis cafés juntos y estás a punto de subir por una de las paredes —entrecierra los ojos antes de llevar la mano a su boina para reajustarla—. ¿Qué te ocurre? Solo actúas así cuando estás muy nerviosa, y no te veía así de nerviosa desde...

—¿Nunca? —alzo una ceja.

—No, siempre que viene tu novia te pones igual de nerviosa —el comentario me hace reír—. Aunque ahora es diferente, ¿estáis bien entre vosotras? Puedo amenazarla de muerte si te ha hecho algo. Tengo contactos.

—¡Alfred! —vuelvo a reír— Claro que Chiara no ha hecho nada malo, si es la persona más buena que conozco. El problema es que...

—¿El problema eres tú, niña? —el que alza una ceja ahora es él, dando por completo en la diana— Porque si ella no ha metido la pata y tú estás tan nerviosa, es que lo que sea que vas a decir no te va a gustar ni a ti, ni a ella.

—Lo que estoy a punto de hacer es o lo más egoísta de mi vida o lo más respetable, dependiendo de cómo lo veas. —Suspiro antes de hacer una mueca con la boca para contener las ganas de llorar.

—¿Tiene que ver con que ha terminado el libro?

—Sí —asiento—. Aunque más bien tiene todo que ver con lo que viene después de haber terminado el libro. Todo lo que implica y en lo cuál no puedo ser partícipe.

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