Dentro de una habitación ricamente decorada, el silencio era interrumpido por el furioso sonido de papel rasgándose.
-¡Yo aliarme con ese idiota y con esa perra de Helena! -exclamó voz airada-. ¡Jamás! ¡Prefiero la muerte antes que formar una alianza con ella!
Max, entró en la habitación con una taza en la mano.
-Bueno, señora, parece que hoy no ha tomado su medicina. Tal vez esto le ayude- con un tono suave pero firme.
Frunció el ceño, sin perder su expresión de enojo. -No le encuentro la gracia, Max.
Max sonrió con picara.- pero yo sí, señora.
Entrecerró los ojos, sospechando algo. -Esa escritora... -murmuró con veneno-. ¿Quién se cree que es para hablar y opinar sobre mi familia? ¡Cuando la encuentre, la mataré!
Max se encogió de hombros, con una sonrisa enigmática. -Si es que la encuentra, señora.
Viéndolo con desconfianza. -Max, ¿de qué lado estás? ¿De mi lado o del lado de nuestra escritora misteriosa?
Suspiró, consciente de que no podía ocultarle nada a su ama.
-Pero, señora, ¿de qué se queja? Si usted misma la puso en la mira del rey.
-¡Lo sé, Max, lo sé! - exasperada-. Pero ¿cómo se atreve a decir eso? ¡Yo aliarme - con ella! Es una trepadora, y él, un maldito traidor.
-Nada de peros-voz más alterada—. Esa maldita era mi dama de compañía, y cuando tuvo la oportunidad, ¡se metió en la cama de Davio!
Bueno señora que piensa hacer entonces ... -Max interrumpió el torbellino de pensamientos de la Duquesa-, ¿qué piensa hacer entonces? Si me permite la osadía, creo que es momento de mover las piezas con astucia. Tal vez el joven Henry pueda ser de ayuda, después de todo, Lord Reginald y él son buenos amigos y socios comerciales. Eso podría abrirnos muchas puertas. Y no olvidemos a Lady Amelia; he oído que últimamente está muy interesada en la jardinería y en las joyas... información que podríamos usar a nuestro favor.
Max hizo una pausa, esperando una reacción ya que no hubo ninguna continuo.
-Si me permite mi humilde opinión -continuó-, si quiere atraer a esos personajes a su lado, o incluso al bando del rey, creo que este no es el momento adecuado.
Frunció el ceño, intrigada por las palabras de Max.
-¿A qué te refieres?
-Hay demasiados asuntos pendientes, señora -respondió Max-. Primero hay que resolver la desaparición de ciertas joyas, los desvíos de fondos del ducado y, por supuesto, el asunto del obispo. Una vez que hayamos aclarado esos temas, tendremos una base sólida para actuar y no seremos vulnerables a posibles chantajes o traiciones.
-Y en la carta que le llegó y que no ha revisado también -agregó Max con insistencia—, y los documentos que aún no ha tenido tiempo de revisar. Podrían contener información valiosa.
Mirándolo con aburrimiento, suspirando con resignación.
-Tedioso... —murmuró en voz baja.
-Ya sé que lo es señora, pero lo que tienes que hacer. -Eso le pasa por volver a tomar el título de Duquesa, señora.-Un toque de sarcasmo.
Rodó los ojos, pensando para sí misma(Y si a desaparecer otros 10 años o me autoexilio).
-¿Otra cosa que tenga que hacer Máx.? -con falsa cortesía.
-Mmm, sí -fingiendo estar pensativo. - Tendrá que enseñarle al joven Evan cómo dirigir el ducado correctamente, y buscar al joven Henrry que no está en su casa en la capital y que nunca llegó-una sonrisa inocente.
Miró con incredulidad.
-Qué gracioso, Max -dijo con sarcasmo-. Entonces, será un día largo.
-Así parece, señora -respondió Max con una sonrisa-. Bueno, ¿cómo comenzaremos? ¿Con lo más fácil? ¿Dónde estará mi hijo?
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LA DUQUESA
Fantasy"La pluma de la escritora danzaba febrilmente sobre el pergamino, dejando tras de sí una serpiente de tinta que tejía los secretos y venenosos rumores de la corte. La duquesa, cuya belleza era leyenda y elegancia, un arma, había vuelto a caer presa...
