🍰 OZELLE DE OZ , es una joven encantadora, hija del legendario Mago de Oz y Glinda, la Bruja Buena. Desde muy pequeña, ha mostrado un carácter dulce y amoroso, irradiando bondad y alegría allá donde va. Heredó la magia de ambos padres, aunque no su...
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La brisa era suave, casi etérea. El aire olía a flores frescas y magia antigua. Ozelle caminaba descalza por los jardines de Oz, que parecían más verdes y vivos que nunca. Las flores se mecían con delicadeza al paso del viento, y el cielo tenía un tono dorado imposible de describir. No había nadie más. Solo ella… y el silencio dulce del recuerdo.
Pero entonces, a lo lejos, los vio.
Dos niños corrían entre las flores. Uno de ellos, de cabello dorado como el sol y piel brillante como si llevara luz por dentro, cargaba sobre sus hombros a una niña de cabello negro y ojos chispeantes, que reía a carcajadas.
— ¡Más rápido, Heros! ¡Más rápido! — gritaba la pequeña, entre risas.
— ¡Si vamos más rápido, vamos a volar! — respondió él, con la misma alegría. Sus pasos eran firmes, pero livianos, como si el suelo apenas tocara sus pies.
Ozelle —la mayor, la reina, la mujer— se detuvo en seco. Era ella misma, cuando tenía apenas diez años. Y Heros… tan joven, tan feliz, tan lleno de luz.
Los miró con asombro. El corazón le latía con fuerza. Era un sueño, lo sabía. Pero se sentía tan real.
Heros bajó a la niña con cuidado, dejándola sobre la hierba. Se arrodilló frente a ella, jadeando un poco por la carrera, pero con una sonrisa tan pura que le dolía al verla.
— ¿Sabes qué? — dijo él, aún agitado — Si algún día te caes, yo voy a estar para levantarte. Siempre.
La pequeña Ozelle lo miró, confundida por la seriedad de su amigo.
— ¿Y por qué dirías eso? — preguntó, frunciendo la nariz con curiosidad.
— Porque tú eres lo más importante para mí — respondió él sin dudar — Siempre lo has sido.
Ella sonrió, dulce y confiada, como solo un niño puede hacerlo.
— Yo también estaré contigo, Heros. Para siempre.
— No me importa si tienes alas o tronos — agregó él, tomando sus pequeñas manos — Yo no necesito un reino si te tengo a ti.
La Ozelle adulta sintió que el aire le faltaba por un segundo. El niño hablaba con tal sinceridad que su corazón se quebró un poco. Había olvidado esa promesa. Había olvidado cuánto la amaba él desde el principio. No por su corona. No por su magia. Sino por quién era.
— Haré lo que sea por ti, Ozelle — dijo el pequeño Heros — Solo dime qué necesitas y yo lo haré.
— No necesito nada — respondió la niña, mirándolo con ternura — Porque ya te tengo a ti.