Lluvia - Capitulo 2

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La lluvia caía con fuerza, cubriendo el bosque con un manto de niebla

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La lluvia caía con fuerza, cubriendo el bosque con un manto de niebla. Entre las sombras de los árboles, una silueta permanecía oculta en las alturas de un pino. Un par de ojos marrones observaban con atención, su arco y flecha listos.

El sonido de una cuerda tensándose cortó el aire y, en un instante, una flecha salió disparada. Pero el animal que corría apenas aceleró el paso, ileso. El castaño que había disparado no había intentado matarlo. Lo había dejado escapar.

Hunter descendió del árbol con una expresión más seria de lo habitual. Sabía que su padre querría ver lo que había cazado antes de que regresara. Caminó unos metros hasta un tronco cercano y sacó la flecha incrustada en la corteza.

— Por Dios... — susurró con pesar, acariciando el árbol como si pudiera sentir su dolor — Lo lamento.

Alzó la vista hacia el alto pino, como si le hablara.

— Debí herirte a ti en lugar de él.

Un silencio envolvió el bosque, interrumpido solo por el crujir de las hojas. Hunter se giró de inmediato, su arco en alto, la flecha lista.

— ¿Quién está ahí?

Sus ojos recorrieron la maleza húmeda hasta encontrarse con un par de pupilas amarillas y afiladas. Un lobo.

El animal lo observó fijamente, sin miedo ni agresión, simplemente mirándolo. Hunter mantuvo la mirada, inclinando levemente la cabeza en un gesto de respeto. El lobo, tras unos segundos de incertidumbre, echó a correr al escuchar un grito que retumbó en el bosque.

— ¡Hunter!

El estruendo de las aves alzando el vuelo llenó el aire. Hunter miró una última vez en dirección al lobo antes de apresurarse hacia la voz.

— ¡Aquí estoy, papá! — gritó, trotando entre los árboles hasta encontrar a su padre.

Clayton lo observó con el ceño fruncido.

— ¿Dónde estabas? Perdí el rastro de ese lobo.

Hunter mantuvo su expresión neutra, aparentando desinterés.

— Estaba en ese árbol, pa'. Le disparé, pero fue demasiado rápido.

Clayton apretó la mandíbula, logrando que las venas de su cuello se marcaran.

— Te he dicho mil veces que no uses esas cosas para cazar — gruñó, señalando el arco con desprecio. — Un verdadero hombre lleva un arma.

Con firmeza, levantó su escopeta y deslizó la corredera. 'Chk-chk'. Sin dudarlo, disparó al cielo y, en cuestión de segundos, un pájaro cayó a sus pies.

— Vámonos ya — ordenó, girándose sin más. — Esos reyes deben estar por llegar.

Hunter tragó saliva y echó una última mirada al pájaro sin vida en el suelo. Luego, sin decir palabra, ajustó su arco al hombro y siguió a su padre.

𝓐𝓶𝓸𝓻 𝓔𝓼𝓶𝓮𝓻𝓪𝓵𝓭𝓪 - 𝑩𝒆𝒏 𝑩𝒆𝒔𝒕𝒊𝒂Donde viven las historias. Descúbrelo ahora