🍰 OZELLE DE OZ , es una joven encantadora, hija del legendario Mago de Oz y Glinda, la Bruja Buena. Desde muy pequeña, ha mostrado un carácter dulce y amoroso, irradiando bondad y alegría allá donde va. Heredó la magia de ambos padres, aunque no su...
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Una semana después de la llegada de los villanos, Ben y Ozelle se encontraban en su castillo. Ozelle estaba sentada en el sofá del salón, mientras Ben caminaba de un lado a otro con un libro en las manos.
- "No soy poeta, solo soy una mujer. Y como mujer, no tengo forma de generar mi propio dinero, al menos no lo suficiente para ganarme la vida o mantener a mi familia. Y si llegara a tenerlo -que no lo tengo-, ese dinero pasaría a ser propiedad de mi marido en cuanto nos casemos. Y si tuviésemos hijos, serían suyos, no míos. Ellos también le pertenecerían a él. Así que no te quedes allí sentado diciéndome que el matrimonio no es una propuesta económica, porque lo es. Puede que para ti no lo sea, pero para mí, sin duda lo es." -leyó el rey en voz alta, con atención.
- Laurie nunca entendería eso... él es libre de elegir con quién estar y a quién amar -comentó Ozelle con calma, cruzando las piernas mientras lo observaba.
Ben bajó el libro lentamente y la miró con una sonrisa suave.
- ¿Y no crees que en verdad ame tanto a Jo como a Amy?
- Claro que sí -asintió ella-. Pero las ama de formas distintas. Al final del día, aunque se quede con Amy, una parte de Laurie siempre querrá a Jo.
Ben la miró unos segundos más antes de acercarse para sentarse a su lado.
- ¿Y tú? ¿Queda alguna parte de ti que ame a alguien más... después de todo esto? -preguntó con una sonrisa cómplice.
Ozelle ladeó la cabeza y sonrió divertida.
- Por supuesto, Chad siempre será mi amor platónico.
Ben soltó una carcajada.
- Y no olvides a Jay.
- ¿Cómo podría? Lo hago entrar por mi ventana cuando te duermes.
Ambos rieron a carcajadas. En medio de esa risa compartida, Ben llevó una mano a la mejilla de Ozelle y la acarició con ternura. Se miraron en silencio, con esa complicidad única que solo tienen los amigos que se han acompañado durante toda la vida.
La lluvia caía con suavidad sobre Auradon, y las gotas se deslizaban lentamente por los ventanales del gran salón. En el interior, las risas de dos niños de seis años llenaban el ambiente mientras saltaban y corrían por todo el lugar.
- ¡Ozy! ¡No puedes saltar sobre los sillones! - exclamó el pequeño rubio con el ceño fruncido. Parecía más preocupado que divertido.
- ¡Es divertido, Ben! - se rió la niña de cabellos castaños y rizados, que rebotaban con cada salto mientras Ben parecía al borde de una crisis.