🍰 OZELLE DE OZ , es una joven encantadora, hija del legendario Mago de Oz y Glinda, la Bruja Buena. Desde muy pequeña, ha mostrado un carácter dulce y amoroso, irradiando bondad y alegría allá donde va. Heredó la magia de ambos padres, aunque no su...
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El interior de la pequeña casa dejaba mucho que desear: las paredes estaban despintadas, objetos tirados por todos lados y el polvo, junto con las telarañas, abundaban sin vergüenza. Aun así, Ozelle se sentó con total tranquilidad en una silla que el pirata le había ofrecido, sin mostrar ni molestia ni temor.
-Así que necesitan mi ayuda -murmuró Harry Garfio desde un sofá de cuero rojo, evidentemente desgastado. Tenía las piernas abiertas, los ojos azules entornados por esa sonrisa ladina tan suya, mientras jugueteaba con el garfio de forma distraída pero deliberada-. ¿Es que acaso ya no quedan navegantes en Auradon?
-Sí los hay -respondió Ozelle con firmeza-, pero Gil me dijo que los mejores son Uma y tú.
A Harry pareció encantarle el halago. Se pasó la lengua por los dientes con descaro y levantó la pelvis, acomodándose con lentitud en el sofá, como si supiera que cada movimiento suyo era observado.
-¿Y qué me darás a cambio, linda?
Ben frunció el ceño, pero se contuvo. Ozelle le había pedido expresamente que no interviniera durante la charla con el pirata.
-Gil me contó que tú y tus piratas quieren llegar a Auradon para buscar a Uma -continuó la reina con serenidad. Harry se irguió lentamente, más atento-. Les daré mi bendición para que lo hagan.
El pirata alzó las cejas con interés.
-Al parecer hablas bastante con Gil... ¿Debería ponerme celoso? -sonrió con descaro, inclinándose hacia ella con una expresión felina.
-¿Vas a ayudarnos o no? -interrumpió Jay, ya impaciente.
Harry desvió la mirada hacia él, con visible molestia, y luego volvió a posarla sobre Ozelle. Se tomó unos segundos antes de responder.
-Quiero algo más que solo el permiso para buscar a Uma.
-Ni hablar -saltó Jay de nuevo.
-No estoy hablando contigo, cabeza de lámpara -respondió el pirata con sorna, elevando la voz. Luego miró a Ozelle con una calma casi fingida, su tono volvió a suavizarse como si sólo ella existiera en la habitación-. Hablo con la señorita Auradon.
Ozelle se incorporó ligeramente, relamió sus labios con seguridad y asintió con elegancia.
-Está bien. Tendrás lo que pidas, siempre y cuando cumplas tu parte conmigo -dijo, mientras se quitaba con sutileza el guante de seda rosada y extendía la mano hacia él-. ¿Es un trato?
Harry la observó un instante, entretenido, antes de tomarle la mano con teatral delicadeza. En lugar de simplemente estrechársela, le dejó un beso en el dedo con una sonrisa juguetona.
-Soy todo tuyo, alteza.
Justo cuando el silencio comenzaba a instalarse entre Harry y Ozelle tras el apretón de manos, la puerta de la casa se abrió de golpe con un chirrido estridente. Una figura alta, rubia y sonriente irrumpió en la escena, con una espada bajo el brazo y un huevo en la mano.