Soñar con el discípulo de su padre no era nada agradable, o al menos eso se mentalizaba creer Robby.
Porque ese chico de piel canela no lo dejaba ni en sus sueños.
Historia Omegaverse
Miguel Diaz Alfa!
Robby Keene Omega!
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Es casi como ahogarse.
—¿Robby? —repitió Miguel, ya de pie junto a la puerta del baño, su silueta desdibujada por la luz tenue.
Robby levantó la vista desde el suelo con esfuerzo, obligándose a respirar con normalidad. El ardor de la marca aún latía bajo su piel como recordatorio de que existía, pero lo cubrió instintivamente con el borde del pantalón mientras se incorporaba y subía su ropa para cubrir lo que se sentía como un vil pecado, como la traición más grande del mundo
—Estoy bien… —dijo, su voz más ronca de lo habitual—. Solo… me sentí un poco mareado.
Miguel frunció el ceño y dio un paso más cerca para inspeccionarlo con un vistazo rapido preocupado por su salud
—¿Mareado? ¿Qué pasó?
Robby desvió la mirada, sabiendo que si se cruzaban los ojos, su Alfa vería algo que no debía ver, vería la vergüenza en sus ojos
—No es nada grave. Debe ser que… sea la falta de supresores. Pensé que no me harían más efecto, pero supongo que me equivoqué.
Miguel se puso frente a él, preocupándose con el ceño fruncido mientras le tocaba la frente con el dorso de la mano checando su temperatura corporal
—Estás un poco caliente. ¿Quieres que te traiga agua? ¿O te preparo un té?
Robby negó con la cabeza rápidamente.
—No, no. Solo ayúdame a volver a la cama. Ya se me está pasando.
Miguel lo sostuvo con cuidado, sin soltarlo mientras lo ayudaba a ponerse de pie. El contacto dolía, no porque fuera físico, sino porque Robby sabía que estaba mintiéndole. Ocultándole algo que podía romperlo todo.
Pero no podía decírselo. No aún. No cuando todavía sentía la huella de la traición del destino palpitando en su cadera.
Ya acostado otra vez, Robby se dejó abrazar. Miguel lo rodeó por la cintura como siempre, encajando perfectamente contra su espalda, se giro para ver los rasgos del moreno, lo beso con dulzura queriendo estar así siempre, queriendo solo a Miguel, solo a su Alfa, solo al amor de su vida, solo a él.
—Te amo —murmuró Miguel, medio dormido, acurrucándose contra él, volvió a la posición en la que estaban, con el Omega pegando su espalda contra su pecho
Robby cerró los ojos sintiendo como sus ojos se humedecen, en cualquier momento empezaría a sollozar.
—Yo también —respondió, con un nudo en la garganta.
Y mientras el Alfa dormía en paz nuevamente, el Omega miraba al techo, temiendo el momento en que la verdad saliera a la luz y los destruyera a ambos, lo que ambos habían construido todo este tiempo.