Sospecha, Celos, Caos.

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          ❝ calor

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          calor. tensión. silencio.

[…]

Su propio olor lo estaba asfixiando...el no tomar ningún supresor le estaba dando una mala jugada a su sistema.

Se paró del suelo y salió del pequeño cuarto de limpieza con la respiración entrecortada hasta llegar al cuarto que compartía con los chicos, entrar a ese lugar era como escapar de las garras de su propio remordimiento

Abrió la puerta lentamente para encontrarse con Miguel saliendo de la ducha, el Alfa le echó un vistazo rapido y lo ignoró deliberadamente, su Omega estaba triste por esa acción

¿Acaso sus sentidos de Alfa estaban atrofiados y no podía oler el aroma de Kwon en su ropa?

O peor aún, ¿Si lo olió, y por eso no estaba viendo a los ojos?

Robby apretó los puños.

—Estuviste bien en las plataformas...—Intento decir el Omega torpemente queriendo iniciar la conversación

Se hizo un silencio incómodo, el Alfa paso junto a él, para tomar la camiseta que estaba tirada al lado de él; sus hombros rozaron, apenas, pero fue suficiente para que ambos contuvieran el aire.

Miguel resopló con amargura.

—¿Bien? Literalmente salve a todo el equipo de ser eliminado.

—He estado distraído...— Menciono Robby, pero su voz se quebró un poco ante la flaqueza de verse debil

Miguel lo notó, lo miro fijamente. Y por un segundo el mundo se detuvo, volviendo a ser Miguel Díaz y Robby Keene como al inicio de todo

—¿Estás bien?— Preguntó, siendo más suave.

El Omega asintió.

—Ujum.

—¿Por qué hueles a Alfa?

—Uno de los luchadores de seguro era Alfa, se quedó impregnado en el Gi.

—Cierto...¿Saldrás más al rato con los demás?— Comenta Miguel intentando aliviar la tensión creciente entre ambos tratando de ser cordial, aunque en lo profundo de sí mismo, odiaría que Robby tuviera el olor de otro alfa que no fuera el.

Robby agacho y desvío la mirada hacia cualquier punto de la habitación, el se quitó la toalla y empezó a cambiarse por un ropa cómoda

—Si, ¿Tu irás?—Volvio a verlo justo cuando se estaba subiendo el pantalón de mezclilla

—Si, necesito relajar la mente.

—Yo también...

Miguel noto algo extraño en el chico, así que se acercó y tocó con delicadeza su rostro.

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