Estaba parada frente al paso de peatones del puente Key, con los brazos sobre el pretil, moviéndose nerviosa, esperando, mientras el denso tránsito discurría intermitente, a sus espaldas, en medio de un concierto de claxons y de una indiferente fricción de parachoques. Se había puesto en contacto con Mary Jo; le había mentido.
-"Regan está bien. A propósito, estaba planeando dar otra cena. ¿Cómo se llama aquel jesuita psiquíatra? He creído que podría invitarlo"...
Risas que venían de abajo: era una pareja joven, con "bluejeans", en una canoa alquilada. Con un rápido gesto nervioso, tiró la ceniza de su cigarrillo y miró en dirección a la ciudad. Alguien se acercaba a ella presuroso, vestido con pantalones color caqui y jersey azul; no era un cura, no era él. Volvió a bajar la vista hacia el río, hasta su impotencia, arremolinada en la estela de la canoa pintada con brillantes colores. Pudo distinguir el nombre que llevaba pintado: "Capricho".
Pasos. El hombre del jersey que se aproximaba, que se detenía al llegar a su lado. Por el rabillo del ojo lo vio apoyar un brazo sobre el pretil, y rápidamente desvió la mirada.
-¡Váyase de aquí, estúpido -farfulló con voz ronca, mientras arrojaba al río el cigarrillo-, o llamaré a la Policía!
-¿Miss MacNeil? Soy el padre Karras.
Sonrojada, se incorporó y se volvió hacia él, sobresaltada. El ceño contraído, la mirada severa.
-¡Dios mío! Yo soy... "¡Dios mío!"
Se bajó las gafas de sol, confundida, e inmediatamente se las volvió a subir, cuando aquellos ojos, oscuros y tristes, sondearon los suyos.
-Tendría que haberle advertido que vendría vestido de una manera informal. Lo siento.
Su voz, suave, pareció quitarle un peso; tenía entrelazadas sus fuertes manos. Eran grandes y, sin embargo, sensibles, venosas, como las que pintaba Miguel Ángel.
Chris notó que su mirada se sentía instantáneamente atraída por ellas.
-He creído que sería mucho menos llamativo -prosiguió él-. Parecía usted tan preocupada por mantener esto en secreto...
-Creo que tendría que haberme preocupado de no ser tan estúpida -respondió ella, hurgando nerviosamente en su bolso-. Creí que era usted...
-¿Humano? -la interrumpió con una sonrisa.
-Me di cuenta de "eso" cuando lo vi un día en el "campus" -dijo ella, que ahora se buscaba algo en los bolsillos de su traje-. Por eso lo llamé. Me pareció usted humano. -Levantó la mirada y vio que él le observaba las manos-. ¿Tiene un cigarrillo, padre?
Se palpó en el bolsillo de la camisa.
-¿Se anima a fumar uno sin filtro?
-En este momento me fumaría hasta una soga.
Sacó un 'Camel' del paquete.
-Mis medios económicos me obligan a hacerlo a menudo.
-Voto de pobreza -murmuró ella, con una tensa sonrisa, al coger el cigarrillo.
-El voto de pobreza tiene sus ventajas -comentó él, mientras se buscaba los fósforos en el bolsillo.
-¿Como qué, por ejemplo?
-Hace que la sopa tenga mejor sabor. -Nuevamente esbozó una sonrisa a medias, mientras miraba la mano de Chris que sostenía el cigarrillo. Temblaba. Vio que el cigarrillo se estremecía con movimientos rápidos e irregulares, y, sin vacilar, se lo quitó de los dedos, se lo puso en la boca; lo encendió, protegiendo, con las manos ahuecadas, la llama del fósforo, echó una bocanada de humo y devolvió el cigarrillo a Chris, con la vista fija en los autos que pasaban bajo el puente.
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El Exorcista - William Blatty
TerrorEl terror comenzó tan discretamente que al principio pasó inadvertido.Pequeñas molestias en Regan, para las cuales Chris MacNeil, actriz y madre, encontraba fáciles explicaciones. Parecía como si Regan hubiera sido invadida por una personalidad dife...
