Capitulo 16.

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Sergio despertó temprano ese martes, aún desorientado. No supo si fue por el sueño, el calor seco de Guadalajara, o la ansiedad acumulada de los últimos días.

Paola aún dormía en el sillón con la televisión encendida. Carlota se había metido a su cama a mitad de la noche, y Chequito dormía abrazado a un peluche de Max que le había regalado en Cancún. Por un momento, el silencio de la casa le pareció reconfortante. La normalidad fingida.

Se levantó sin hacer ruido y entró al baño, donde el reflejo en el espejo lo confrontó sin piedad. Tenía una marca tenue aún en la mejilla izquierda. Su madre no lo había vuelto a llamar. Respiró hondo. Había sobrevivido al infierno emocional del fin de semana, ya nada podía ser peor.

Hasta que, por costumbre (o estupidez), tomó el celular del cajón donde Paola lo había escondido. Lo desbloquea con facilidad y la realidad lo golpea finalmente.

Ciento dieciocho mensajes. Cuarenta y cuatro llamadas perdidas. Siete correos urgentes.

No le tomó mucho entender que era todo lo que estaba pasando. El artículo estaba ahí, frío, cruel, como una sentencia.

"Escándalo en Red Bull: ¿relación sentimental entre Max Verstappen y Sergio Pérez?"

DAZN España

"Filtran imágenes comprometedoras de Sergio Pérez: ¿crisis en Red Bull?"

ESPN

Las fotos eran exactamente lo que Max le había descrito alguna vez como "demasiado reales para ser casualidad". En una aparecían tomados de la mano, en otra Max le dejaba un beso rápido en la mejilla. Pero era la última - la última pinche foto- fue la que lo dejó sin aliento. Su cabeza recostada en el pecho de Max, ambos sin camisa, dormidos, vulnerables, humanos.

El artículo insinuaba favoritismos, manipulaciones internas, hasta "posible chantaje emocional" entre compañeros de equipo. Se sentó en el borde de la cama con el celular temblando en las manos. No sabía si llorar o vomitar. Lo único que alcanzaba a pensar era ¿Quién les hizo esto?

Las redes eran un infierno. La mitad lo defendía como un hombre valiente que merecía amar; la otra mitad lo acusaba de traidor, pecador, farsante. "Héroe caído", lo llamaban algunos.

- ¿Checo? - La voz de Paola llegó desde el pasillo, apenas un susurro.

Él alzó los ojos, y ella entendió todo con solo ver su expresión.

- Pudiste haberme dicho. - la mexicana solo bajó la mirada - ¿Cómo consiguieron esas fotos?

- No lo sé. Max tampoco. Pero alguien del círculo cercano, seguro.

- Ahora... ahora sí me van a destruir - susurró, con los ojos vidriosos.

Paola se sentó junto a él, le tomó la mano. Pero antes de que pudiera decir algo más, el celular vibró. Le estaba marcando Christian Horner.

- Contesta - dijo su hermana, firme.

Checo aceptó la llamada.

- Sergio - la voz del director del equipo sonó seca, cortante - . Estás en todas las portadas. ¿Puedes explicarme qué está pasando?

-No... no sé quién filtró esas imágenes. No sabía si quiera que existían. Estoy tan sorprendido como tú.

-No me tomes por idiota. No estoy aquí para juzgar tu vida personal, pero esto es una bomba mediática, y tú sabes cómo opera este deporte. Esto no es una historia de amor, es un riesgo comercial. Los patrocinadores están preguntando, la FIA está revisando si hay conflicto de interés, y la prensa exige declaraciones.

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