Capitulo 15.

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Después de una semana disfrutando de la tranquilidad que simbolizaban las playas de Cancún fue hora de finalmente aceptar la realidad.

El mexicano se había encargado de llenarlo de amor todas las vacaciones, afirmando a Max que buscaría una manera de divorciarse de Carola. Para el europeo, Sergio fue otra persona. El mexicano se encargó de envolver a Max en un amor casi adolescente, como si la arena, el salitre y el sonido del oleaje pudieran protegerlos de lo inevitable.

Por su parte, el neerlandés se encargó de hacer sentir a los niños lo más cómodos posible, tratándolos como si todos fueran una familia, le prometió a Sergio que lo primero que haría al llegar a Mónaco sería comprar un apartamento solo para ellos.

En esos días, los hijos de Sergio también se reían más. Él los miraba, y por un instante, pensaba que tal vez ese amor podía bastar.

Max partió rumbo a Mónaco junto a su pequeña hijastra mientras Sergio regresaba a Guadalajara.

Decidió que no se encontraba lo suficiente preparado para enfrentar a Carola después de la última confrontación que tuvieron. No después de aquella noche en la que ella, con los ojos desorbitados, le gritó que se quitaría la vida si él los dejaba. No después de que lo culpó por todo: por su infelicidad, por su cansancio, por sus años perdidos. ¿Con quién se había casado? ¿O era él quien se había vuelto un extraño? Aún no creía que su esposa amenazara con quitarse la vida. Tal vez no era culpa de su esposa, todo era culpa de Sergio.

Apareció en casa de sus padres sintiéndose como un niño pequeño.

Sus hijos entraron por la puerta corriendo para saludar a su abuela, pero él se quedó ahí, viendo a su madre esperando que ella lo comprendiera. Marilú estaba parada en el umbral de la puerta viendolo igual de vulnerable que la primera vez que se reencontraron después de que Sergio se fuera a Europa.

-Ay mi niño, ven para acá. - Checo prácticamente corrió a los brazos extendidos de su madre, soltando todas las lágrimas que había contenido todo este tiempo. No supo cuántas lágrimas soltó, ni por qué lloraba exactamente. Solo sabía que dolía. Que dolía como nunca.

No se da cuenta en qué momento está acurrucado en su hermana en la sala, con su madre calentando atole y su hermano fue a comprar su pastel favorito.

A veces se le olvidaba que dentro de esa casa no era el gran Checo Pérez, sólo era su hermanito menor. En esa casa, no era un piloto, ni un ídolo nacional. Solo era el menor, el que todos querían proteger, incluso cuando ya era un hombre hecho y derecho.

-No sé qué hacer, no quiero estar más con Carola. - su hermana no parece sorprendida por tal revelación. - No quiero perder a mis hijos.

-No tienes por qué hacerlo... - hace piojito en la cabeza de su hermano, jugando con sus rizos como cuando era pequeño. - Slim vino a casa hace dos días, no estaba contento.

-No es momento para hablar de eso, Paola.- regaña su madre. - Hijo, Carola es una muy buena mujer ¿por qué no quisieras estar con ella?

-Ya no la amo. - se abraza a sí mismo.

- Sergio Michel, son muchos años para que de un día a otro ya no quieras estar con ella.

Checo respiró, no quería que su madre lo viera como una mala persona, pero tenía que aceptar la verdad. Era un adulto y tenía que hacerse responsable de sus actos.

-Lo he sabido desde hace tiempo, yo creo... yo sé que estoy enamorado de alguien más. - la expresión de su madre era una entre decepción y tristeza.

-¿Cómo vas a divorciarte para irte con alguien más? ¿Eres un insensible acaso? Piensa en Carola, piensa en tus hijos por Dios.

-Mamá, obviamente no me voy a pasar por la calle con él justo después del divorcio. Quiero tiempo para mí y que hijos sean mi prioridad y tambi-

Glimpse of usHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora