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–Necesito un trago–me digo, pero el dolor en las costillas no me deja levantar en mi al primer intento 

Segundo intento….

Me incorporo, pero de nuevo me dejó caer en el sillón por la incomodidad

Río, río por todo lo que está pasando, por mi vida de mierda, por mis golpes, por verla, por enterarme que está con alguien más. 

El sonido de mi celular, retumbando en el silencio de mi hogar, ensordece. 

Lo tomo como puedo

–¿Qué quieres? 

–Por favor, perdóname

–Luego hablamos…

Estoy a punto de cortar la llamada y escucho que me ruega 

–No, porfavor, no cuelgues, quedamos en que no te enojarias 

–Kag, en estos momentos no estoy de humor para nadie, no quiero ser grosero contigo, pero en este momento tampoco te quiero escuchar. 

–¿Ni ver?–

–No

–Porfavor, estoy aquí abajo, déjame explicarte 

–Vete a dormir Kag–Miro la hora y ya es tarde…

–No me iré hasta que me escuches 

Inhalo, exhaló 

–Sube 

A los minutos escucho que toca la puerta, atino solo a gritar que entre ya que estaba abierto.

La veo entrar, a pesar que tengo las luces apagadas, las luces nocturnas de la ciudad y de la luna, alumbra lo necesario 

La miro que me busca en la oscuridad, me encuentra, trataba de enfocarme, se está adaptando a la oscuridad.

Lentamente se aproxima a dónde me había dejado Sesshomaru 

–Levi, en verdad lo…–Será que finalmente sus ojos se adaptaron a la noche, que cuando logra estar frente a mí, su tono dulce cambia a uno de sorpresa–¡Mierda! ¡Levi, por dios! ¿Qué te pasó? 

–¿Qué? ¿No te lo dijo tu novio? 

–No empieces, no es mi novio y no me dijo nada 

–¿Te dijo que me trajo, no? ¿O por qué sabías que estaba aquí? 

–Bueno, sí hablé con él y solo me comentó que te trajo, no me dijo nada más, ¿Qué te ocurrió? 

–Tu novio, ah no perdón, la pareja de Mikasa me golpeó 

La miro molesta, mira el botiquín en la mesa, lo toma, remueve algunas cosas, se sienta a mi lado y empieza a limpiar mi sangre, la verdad no sé cuánta había salido, pero el pequeño algodón cambia de color. 

–Ya deja de decir tonterías.

Me quejo por el ardor en el rostro, se detiene, me quejo y sigue. 

–Traté de decírtelo, pero no sabía cómo, me contaste lo que había pasado, lo mucho que te dolió, cómo caíste hasta el abismo–menciona mientras me sigue limpiando–no sabía cómo decírtelo sin hacerte daño. 

Se levanta, trae paños húmedos 

Sigue limpiando mi rostro y termina poniéndome ungüentos. 

Reposo mi cuerpo completamente 

Se vuelve a levantar, va a la cocina

–Aun así, si sabías todo eso, debiste decírmelo

Canon (18+) Donde viven las historias. Descúbrelo ahora